Con motivo del fraude electoral convocado para el 6 de diciembre 2020 escuchamos por un lado discursos electoreros de quienes durante 21 años

destruyeron el país prometiendo que aprobaran leyes para impulsar la economía, y por otro lado pero dentro del mismo escenario fraudulento vemos a otros fingiendo ser opositores prometiendo cambiar la Asamblea Nacional para que sea más efectiva pero sin presentar un proyecto parlamentario concreto. Su acento más fuerte en el discurso está en que “no hay que entregarle la Asamblea Nacional al gobierno” y está dirigido a ese 85% de venezolanos que se resiste a seguir siendo estafado con procesos electorales amañados para dar oxígeno a la tiranía.

Es importante recordar que para las fraudulentas parlamentarias que se realizarán el 6 de diciembre 2020 Maduro compró nuevas máquinas de votación que costaron cien millones de dólares. ¿Cuántas familias venezolanas pudieran comer con cien millones de dólares? Mientras que para la consulta popular a realizarse del 5 al 12 de diciembre 2020 de forma digital y presencial, estarían la contratación de dos empresas tecnológicas estadounidenses para que organicen y dirijan todo el proceso durante esos ocho días. La pregunta es, ¿Cuánto cobrarán esas empresas tecnológicas y de donde saldrán los dólares para pagar? Porque esas empresas no cobran en bolívares soberanos ni en petro.

Pero, mientras observamos ese circo montado por el régimen y sus colaboracionistas con las parlamentarias y al mismo tiempo la “consulta popular” para preguntar “si los venezolanos quieren que termine la usurpación, la crisis humanitaria” y “si están de acuerdo en rechazar las elecciones parlamentarias convocadas por el régimen y que también sean rechazadas por la Comunidad Internacional”… Sobre la primera interrogante es como preguntarle al enfermo que todos los días pide a Dios y a la Virgen por su salud, si quiere curarse, o preguntarle a un secuestrado si quiere ser liberado. Y sobre la segunda pregunta, la respuesta es obvia porque todas encuestas registran que más del 85% de los venezolanos no quieren participar en procesos electorales hasta que no termine la usurpación, mientras EEUU, Canadá, Unión Europea y el Grupo de Lima, ya rechazaron las parlamentarias por fraudulentas.  

En ese sentido hay que decir con responsabilidad que el régimen y sus aliados engañan cuando dicen que la crisis se resolverá con la nueva asamblea nacional, porque en las parlamentarias de 2015 el pueblo votó para que las fuerzas democráticas de oposición ganaran mayoría de dos tercios calificados con 112 diputados y en cinco años Maduro nunca respeto ese triunfo. Mientras que con la consulta popular ya ese mismo pueblo que votó en las parlamentarias de 2015, también se expresó el 16 de julio de 2017 cuando más de siete millones de venezolanos contestaron las tres preguntas que les hicieron, pero esos resultados fueron echados al cesto de la basura y se tranzaron por unas fraudulentas elecciones para gobernadores.

Igualmente observamos a “jefes de partidos políticos” asegurar que lucharán hasta lograr elecciones presidenciales y parlamentarias con condiciones mínimas y creíbles. Pero al mismo tiempo esos mismos “jefes de partidos políticos” aseguran que están “trabajando” para que se produzca una transición donde participen miembros del régimen. O sea, los mismos que durante 21 años con expropiaciones a industrias y empresas productivas arruinaron al país que prometía más desarrollo y progreso en Latinoamérica, generando estampidas de millones de venezolanos que salieron huyendo hacia otros países para poder sobrevivir, integrarían la transición. Es como meterse a vivir en la misma casa con los asesinos de nuestros familiares.

Pero. Mientras se desarrolla el escenario de las elecciones parlamentarias fraudulentas y la convocatoria bautizada como “consulta popular”, donde en ambos procesos hay gastos muy onerosos por concepto de movilizaciones de activistas, pago de servicios y de propaganda como si la situación fuese normal en el país, hay todo un pueblo atrapado y desesperado en una crisis humanitaria por la falta de electricidad, gas, gasolina y agua. Ese otro país donde tres millones de empleados públicos y tres millones y medios de pensionados por el Seguro Social solo reciben mensualmente el equivalente a menos de dos dólares que solo alcanza para comprar ochocientos gramos de queso duro blanco para rallar. 

Ese otro país a quien le piden a cada rato por todos los canales de televisión, emisoras de radio y redes sociales, que salga a votar en las fraudulentas elecciones parlamentarias o participar en la “consulta popular”, observa cómo se gastan millones de dólares en movilizaciones, pago de activistas electoreros y propaganda engañosa, en las casas de esos humildes venezolanos las neveras están vacías, niños y abuelos de la tercera edad están muriendo por desnutrición y falta de medicamentos. Es otro país donde la inmensa mayoría solo debe conformarse con mirar los productos en las vidrieras de los negocios marcados en dólares porque ellos ganan menos de dos dólares al mes. 

 

Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla


Autor:

Benito Zambrano

Editor Jefe de Extra Venezuela