altLos servicios de televisión por suscripción se encuentran sometidos a enormes retos competitivos una vez que tanto servicios de tecnologías de la información y las comunicaciones, como los servicios audiovisuales

han venido atravesando un proceso de convergencia tecnológica.

Este proceso evolutivo ha permitido una expansión en la prestación de servicios o aplicaciones bajo el protocolo IP o sobre Internet abierto, llevando a analistas a asegurar que se está produciendo un proceso de commoditization en el sector, donde existirán por un lado los proveedores de infraestructura y tecnología para el servicio de banda ancha y por el otro lado se demandarán “datos” o “bytes” -aunque diferenciados en valor para el usuario final- a través de los servicios provistos por aquellos oferentes de “aplicaciones” o servicios OTT (Over The Top).

Evidencia de lo anterior lo constituye la tendencia de constreñimiento en la demanda de los servicios tradicionales que ofrecen las operadoras de telecomunicaciones como voz fija, voz móvil y mensajería -tanto en duración como en cantidad de llamadas, salvo ante un efecto pandemia que influyó en cierto repunte-, siendo sustituida por el uso de aplicaciones que operan sobre protocolo IP (WhatsApp, por ejemplo). Aún cuando existen ciertas barreras de cambio asociadas a la “nueva” tecnología (latencia o retardo en la llegada de los paquetes IP a su destino; jitter o variaciones de la latencia entre unos paquetes y otros; y pérdida de paquetes durante la transmisión de los mismos) así como el hecho que ciertos servicios públicos -policías, bomberos, oficinas gubernamentales- y ciertos negocios y comercios continúan operando a través de un número telefónico específico; cada vez más nos comunicamos por medio de aplicaciones que operan sobre el Internet.

De igual manera, en la actualidad contamos con “nuevas” alternativas (distintas a la tradicional televisión por suscripción vía cable y/o satelital) de provisión de contenido, multimedia, entretenimiento, películas y series sobre protocolo IP, bien gratuitas -como YouTube, que se financian vía publicidad o monetizando datos- o bien pagas, tanto por suscripción como el caso de Netflix, Amazon Prime, DISNEY +, o transaccional o por demanda como Google Play Video o Apple TV.

Es así como algunos analistas del sector observan concentración de esfuerzos de inversión de los operadores tradicionales -tanto de telecomunicaciones como audiovisuales- en despliegue de infraestructura y tecnología para la provisión de Banda Ancha Fija y Banda Ancha Móvil (siendo que la demanda se ha movido y concentrado hacia los datos). De hecho, lo que “recientemente” podía constituir estrategias comerciales de empaquetamiento hasta cuadrupleplay (voz fija+voz móvil+banda ancha+televisión) podrían mostrar variantes más reducidas donde la banda ancha fija y la banda ancha móvil constituirán los servicios fundamentales, pivotales o de Tying.

Aún así, el incremento en la demanda de datos podría superar la oferta de infraestructura, la capacidad y la velocidad disponible (algo que la pandemia ha acelerado y puesto en evidencia). 

Lo anterior no está exento al reto de permitir incentivos -remuneración suficiente y razonable-  al despliegue de la infraestructura sobre la cual se ofrecerán servicios de valor agregado o datos de alta valoración por parte de los usuarios. En este sentido, llama la atención aquellas iniciativas que algunas OTT o plataformas -por ejemplo, Facebook- han desarrollado para financiar el despliegue de infraestructura en algunas localidades (Al final el consumo de dichas aplicaciones o plataformas se hace de forma complementaria con la infraestructura, actualmente caracterizadas por su oferta desintegrada).

Esta realidad podría explicar en parte ciertos movimientos estratégicos como alianzas entre operadores tradicionales de telecomunicaciones con ciertas aplicaciones, o alternativamente, importantes procesos de fusiones y adquisiciones que se han venido produciendo a nivel mundial, donde se consolidan proveedores de contenido con proveedores de infraestructura, así como proveedores de servicios de televisión por suscripción con operadores de telecomunicaciones transformando su forma de provisión de contenido hacia “plataformas” más dinámicas y flexibles (asimismo, aprovechando el portafolio de contenido que ya pueda poseer una de las partes).

Integrar o mantener integrados estadios de la cadena de valor que en el pasado constituían “un mismo producto” -por ejemplo, la televisión por suscripción vía cable o satelital donde infraestructura/tecnología y contenido se demandaban simultáneamente- no es, en la actualidad, tecnológica y estrictamente una necesidad u obligación. Adicionalmente, a priori, y considerando la lógica de la Teoría del Monopolio Único de la Escuela de Chicago, económica y comercialmente hablando, tampoco constituiría una panacea comercial integrar dichos servicios. Los cuellos de botella en la intermediación, distribución o transmisión de contenidos que en una época representaron un espectro radiomagnético escaso o una “infraestructura dedicada” han venido desapareciendo con el Internet abierto. 

Otro tema relevante respecto a la configuración y la organización industrial del sector audiovisual así como respecto a los modelos de negocio de producción de contenido se refiere al impacto que han tenido las “nuevas” tecnologías y los oferentes disruptivos. Hasta la fecha dicha actividad se había caracterizado por la presencia de estudios, canales de televisión, y productores de contenido ubicados “aguas arriba”. Las dos formas tradicionales de monetizar dicho contenido había consistido en ofrecerlos a canales de televisión, empaquetadores de señales o directamente a prestadores de servicios de televisión por suscripción aguas abajo: (1) por un lado, partiendo de si el contenido era premium o de alto valor para la audiencia podría venderse al mejor postor con cierta exclusividad para obtener el mayor precio; y (2) por el otro lado y alternativamente, si dicho contenido se ofrecía empaquetado con comerciales o publicidad, sería el pago por la pauta publicitaria la que monetiza el contenido buscando hacerlo lo más asequible posible para los intermediadores con el objetivo de revalorizar las pautas publicitarias. 

Dada toda esta dinámica descrita, es que se ha llegado a asomar que cierto tipo de contenido premium podría constituir un contenido esencial o un “nuevo” cuello de botella por no ser, eventualmente, replicable (por ejemplo, un juego en vivo del Real Madrid versus el Barcelona). En la actualidad a nivel global -especialmente en la Unión Europea- se discute si la acumulación de datos que las plataformas realizan puede constituir un nuevo cuello de botella para el desarrollo de actividades por parte de potenciales competidores o si por el contrario dichos datos y su acumulación pueden replicarse (este tema excede el presente artículo).

La forma en la que se consume el contenido –singlehoming versus multihoming– y la tecnología disponible para intermediarlo; puede condicionar el número de alternativas de proveedores de servicios de intermediación del contenido. En el caso que el contenido que se consume genere efectos de red muy fuertes en favor de la plataforma que lo intermedie, puede que la demanda termine siendo del tipo singlehoming o el mercado sea del tipo The-Winner-takes-all. Adicionalmente, en algunos casos, existen eficiencias por parte de nuevos operadores OTT de integrar la producción de contenido con su intermediación; eficiencias fundamentalmente derivadas de la cantidad de información que pueden recabar de los suscriptores, reduciendo el proceso y tiempo creativo de contenido y resultando más atinado a los gustos y preferencias de los suscriptores.

En este mismo orden de ideas, la forma como demandamos contenidos ha venido cambiando. La forma tradicional vía proveedores de televisión por suscripción -vía cable y/o satélite- quienes presentan su contenido por medio de grillas o parrilla de señales y canales diferenciados empaquetados en planes que buscan, vía “Versioning”, una autoselección por parte de los potenciales suscriptores, se enfrenta a la competencia de nuevos operadores OTT que por medio de la data que estos recaban sobre gustos y preferencias de la audiencia, pueden ofrecer contenido específico que se adapta a perfiles específicos. Estos proveedores de contenido OTT, constituyen nuevos proveedores de servicios sin decodificador que pueden integrar tanto el servicio de contenido como su producción (Netflix, DISNEY + y Amazon Prime son ejemplo de ello).

Así las cosas, a nivel global el sector de servicios TIC y audiovisuales muestra una extraordinaria dinámica en pleno desarrollo, presentando enormes retos y amenazas competitivas a todos los proveedores, operadores y prestadores de servicios tradicionales -especialmente los audiovisuales-. Las eventuales ventajas consistente en canales y señales locales, van perdiendo peso en la medida que la audiencia cambia y aparecen nuevos proveedores de contenido que no requieren desarrollo de tecnología propia o dedicada.

En un ámbito más local, en el portal Web de Simple TV – www.simple.com.ve – se anuncia finalmente su oferta de planes al público, expresados en bolívares válidos al 18 de noviembre de 2020, así como en dólares para sus dos planes premium. Esta empresa eventualmente contaría con una concesión de espectro LTE para desarrollar servicios más allá del servicio tradicional de televisión por suscripción satelital que DirectTv prestaba en Venezuela. Podría ser de interés de los nuevos accionistas, valorar la posibilidad de ingresar en el mercado de prestación de servicios de banda ancha. 

Los precios anunciados serían de introducción y durarían hasta el 15 de marzo de 2021. Dichos precios podrían ser tipo Goodwill o de lanzamiento consistentes en precios con un nivel o una estructura que podrían ser deficitarias a los costos en el cortísimo plazo. Sin embargo, en el portal Web de la empresa igualmente se informan precios que se aplicarían posteriormente al periodo de promoción. En un principio esperaríamos que una restricción de la participación mínima de Simple TV en el mercado venezolano debería satisfacer:

1,16US$xBásico+4,64US$xByte+20,88US$xGiga+41,76US$xTera+Publicidad+PagoCanal>Costos Totales

Donde: Audiencia = Básico + Byte + Giga + Tera. “Básico” representa el número de suscriptores a este plan; “Byte” representa el número de suscriptores a dicho plan; “Giga” representa el número de suscriptores a dicho plan y “Tera” representa el número de suscriptores a dicho plan. “Publicidad” representaría los ingresos por pautas publicitarias que corresponderían al prestador del servicio de televisión por suscripción. “Pago Canal” eventuales ingresos por el pago que cierto canal o señal con publicidad haga a Simple TV para ser incluida en su grilla. “Costos Totales” representarían todos los costos asociados al desarrollo de las operaciones en Venezuela, incluyendo costos por señales y canales, la remuneración del capital invertido, entre otros.

Dicho de otra manera, el ingreso medio mínimo por suscriptor debe cuando menos cubrir los costos medios:

(1,16US$xBásico + 4,64US$xByte + 20,88US$xGiga + 41,76US$xTera + Publicidad + PagoCanal)/Audiencia > (Costos Totales)/Audiencia

El número de suscriptores de Simple TV que los medios de comunicación aseguran provienen de DirecTv alcanzaban 2.000.000. Habría que esperar para ver cuantos de estos continúan ante los nuevos planes y cuáles podrían sumarse al grupo de nuevos suscriptores.

La estructura óptima de precios para el operador dependerá del balance entre ingresos por suscripciones que asimismo optimice el número de suscriptores para valorar los eventuales ingresos por publicidad. Téngase en cuenta que por un lado los ingresos derivados de la demanda de suscripción se enfrenta a la elasticidad de dicha demanda (lo que significa que posee un límite) y a la desutilidad que le implica a los suscriptores un “exceso” de publicidad. Por su parte, la estructura de precios de los distintos planes permite ponderar las distintas elasticidades y disponibilidades a pagar por tipo de consumidores quienes se autoseleccionarán escogiendo el plan que más se adapte a sus preferencias y a su disponibilidades de pago.  Vale destacar, que este modelo de negocio suele basarse en ingresos producto de las suscripciones (lo que implicaría que los ingresos por publicidad tienen un límite para una oferta de parrilla amplia con contenidos especializados).

Cada tipo de suscriptor tendría que realizar aportes marginales a los ingresos, porque de lo contrarío subsidios cruzados entre suscriptores destruirían valor de la empresa o comprometerían su capacidad de satisfacer dicha restricción de participación. Esto exigiría flexibilidad y libertad tarifaria para adaptarse a los cambios y a las circunstancias del mercado -cambios en la demanda y ante las respuestas por parte de la competencia-.

Constituiría un despropósito restarle maniobrabilidad en precios a las operadoras y a los oferentes nacionales, cuando los prestadores de servicios OTT no se encuentran sometidos a regulación alguna, mientras las primeras compiten entre sí (tanto en infraestructura como en servicios de Internet y audiovisual). Siendo que se demandan de forma complementaria los servicios OTT y el servicio de banda ancha, en la medida que se impongan controles de precios a los proveedores nacionales del servicio de Internet se le “facilitará” a los prestadores de servicios OTT a “cobrar” mayores precios, con riesgo de lesionar incentivos en favor de operaciones de inversión y mantenimiento de la infraestructura nacional existente. 

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Autor:

Benito Zambrano

Editor Jefe de Extra Venezuela