Una de las más insólitas circunstancias que hemos conocido en estos días de pandemia y dictadura es saber que a venezolanos, nacidos en estas tierra, les niegan la posibilidad de volver a su tierra natal. A veces, hay que ponerse en los zapatos de otros para comprender a cabalidad lo que estamos viviendo, imagínese usted con su familia llegando exhausto, con sed, fatigado y sin recursos, a la frontera que debería abrirse naturalmente para poder llegar a casa y se enfrenta a puertas cerradas.

El diputado Carlos Valero ha denunciado que muchos ciudadanos venezolanos están a la intemperie y aglomerados en la ciudad fronteriza de Cúcuta, Colombia, en plena pandemia de coronavirus. “Es inhumano y cruel cerrarles las puertas de nuestro país a nuestros hermanos y mantenerlos a la intemperie esperando días, sin certeza de que los dejen ingresar”.

Nicolás Maduro restringió a 3 días a la semana el ingreso a Venezuela, en grupos que no superen las 300 personas por el puente Simón Bolívar y 100 por el de José Antonio Páez, en los departamentos colombianos de Norte de Santander y Arauca. Una medida que reduce en 80% el volumen de regreso de venezolanos. Más de 71.000 migrantes han emprendido este difícil regreso a Venezuela desde el inicio de la pandemia.

Según Carlos Alberto Montaner, “es bueno que se divulgue una verdad poco conocida: los inmigrantes son muy útiles para las sociedades de acogida. Suelen ser creadores netos de riqueza. Argentina creció mientras absorbió una notable cantidad de italianos. La propia Venezuela, en su etapa dorada, recibió cientos de miles de colombianos, portugueses, españoles y centroeuropeos. La emigración en masa de los venezolanos no debe verse como un problema, sino como una oportunidad de ayudarlos y de ayudarnos a nosotros mismos”.

El régimen venezolano en el poder actúa en esta campo represivamente, como lo hace en todos los aspectos de nuestras vidas, en lugar de plantear soluciones dignas para la acogida de los conciudadanos, erige obstáculos, dificultades y más penalidades que van a sumarse a las experiencias dolorosas que cargan en sus equipajes y en sus espíritus los venezolanos que desean regresar.

Se calcula que la diáspora venezolana supera los 6 millones de personas. En los países latinoamericanos, Colombia, Ecuador, Brasil, Chile y Perú se encuentra una cifra mayor al 50% de todos los migrantes. Es conocido que estos países han sido receptores de las últimas oleadas de venezolanos, aquellos que han alcanzado sus destinos usando sus fuerzas físicas, sin transporte seguro, con destinos inciertos, teniendo como único capital la esperanza de encontrar muestras de solidaridad en sus puertos de llegada.

La profesora Claudia Vargas del Instituto de Migraciones declara: “Hay que pensar cuál es el mensaje que estamos dando, cómo percibimos internamente el hecho que existan personas que prefieren viajar 15 días días por tierra, vivir en un estacionamiento o pedir un estatus de refugiado o asilado antes de quedarse en Venezuela. Hay que recordar que un refugiado sale del país de origen prácticamente huyendo, es una persona que abandona su patria buscando protección, escapando de un conflicto racial, cultural, social o económico”. Al final sentencia, enfática: no hay punto de comparación alguno, si se analizan los tiempos en que se dieron las migraciones de otros países, se verá que ocurrieron en períodos prolongados, como por ejemplo la colombiana. En Venezuela a partir de 2015, en pocos años han emigrado millones de venezolanos.

Pero también hay noticias que alimentan un futuro esperanzador, tal es el caso de los extendidos niveles de organización que exhibe la diáspora venezolana. El gobierno interino de Juan Guaidó ha tenido una especial preocupación por estos ciudadanos que han tomado la difícil decisión de emigrar, para ello dedica un incansable esfuerzo de acompañamiento a la inmensa cantidad de organizaciones presentes en el mundo, cuyas cifras superan más de 813 entidades activas conocidas. Tal como muestran los concienzudos estudios y acciones dirigidas por el venezolano Oscar López, en representación del gobierno interino, un seguimiento que prueba la existencia de una de las redes organizativas voluntarias más grandes del mundo, en los distintos continentes y países. El nivel de estructuración de estas organizaciones es sorprendente, constituye un tejido humano vivo, lleno de responsabilidades, agendas y motivos para querer regresar dignamente a contribuir en la reconstrucción del país.

En ocasión de la propuesta ciudadana de realizar una consulta popular como vía para avanzar en la búsqueda de elecciones presidenciales limpias y transparentes, la red organizativa de la diáspora se ha involucrado responsablemente como un músculo poderoso, alimentado por la voluntad presente en todos los venezolanos de lograr la recuperación de la democracia. Participar en la consulta ha sido el resultado de una toma de conciencia de estos venezolanos en la diáspora, al comprender y dimensionar a cabalidad el despotismo del cartel criminal que gobierna, hijo legítimo del estado propietario/totalitario y de la miserable subordinación de las Fuerzas Armadas a un proyecto político inviable. Los motiva el afán de emprender el retorno, participar en la reconstrucción de la economía, contribuir en la reanimación de su aparato productivo en un clima de libertad, poder vivir en un país donde impere la seguridad jurídica, todos los individuos sean iguales ante la ley y por ello puedan expresarse políticamente sin temor a la represión en un clima de libertades. Esa es la voluntad de los venezolanos en la diáspora que veremos expresada con fe y esperanzas en los resultados de la consulta popular que se realizará los primeros días decembrinos.

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Benito Zambrano

Editor Jefe de Extra Venezuela