Cuando uno visita la sede de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania en Berlín, el principal partido político de ese país, en la recepción hay una cartelera donde se lee Die Mitte, en español El Centro. Alejado del extremismo de izquierda y de derecha, los partidos políticos populares europeos se han movido hacia el centro, que es donde se concentra la mayor parte del electorado.

En Venezuela la extrema derecha nos acusa de socialistas y la extrema izquierda de derechistas. Ninguna de las dos tiene razón. Nuestra posición ha girado hacia el centro, alejada cada vez más del fundamentalismo ideológico y en busca de la gran mayoría de los venezolanos ahora en situación de pobreza.

La extrema derecha, con sus taras y sus propuestas carentes de sentido, no es ni será opción en Venezuela. Para ellos los pobres son una especie de estorbo sin darse cuenta que la mejor sociedad es aquella donde prevalece la equidad. Por su parte, la izquierda en el poder desde hace veinte años ha llevado a Venezuela a la ruina. Cabalgando sobre el descontento popular, sus conceptos arcaicos sobre el socialismo hicieron el milagro de haber desaprovechado la mayor bonanza petrolera que ha tenido Venezuela, la despilfarraron y sumieron al país en la pobreza. Además de ser una especie de peones de rusos, iraníes y cubanos en la geopolítica internacional.

El centro significa liberalismo en lo político; el respeto a la sagrada institución de la soberanía popular mediante el voto en comicios competitivos y libres; separación de poderes, de manera que el Poder Ejecutivo tenga límites en su actuación; libertad de prensa; libertad de conciencia, gobiernos civiles y, sobre todo, el imperio de la ley y el Estado de Derecho; la preservación del medio ambiente y el respeto a las minorías étnicas. Esto nos distingue de los regímenes dictatoriales de cualquier tipo, sea de derecha o izquierda. También nos caracteriza el principio de soberanía nacional y territorial. No somos de mentalidad colonial al estar buscando en fuerzas extranjeras la solución a sus problemas. Creemos en la cooperación internacional pero no en la sumisión.

El centro económico implica una economía de mercado con vocación social, al servicio del ser humano y no del Estado como entidad que avasalla a la persona humana. Creemos que el mejor instrumento para la asignación de los recursos es el mercado y que el Estado debe intervenir según el principio de la subsidiaridad, que expresa que la intervención estatal debe darse solamente en aquellas situaciones donde los individuos no pueden resolver los problemas por ellos mismos.

Creemos profundamente en la justicia social y una sociedad equitativa, donde las diferencias no sean provocadas por la falta de oportunidades. Nuestra guía es el trabajo y su valoración social y la estabilidad de la economía para que ésta crezca de forma sostenida.

Autor: José Guerra
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Benito Zambrano

Editor Jefe de Extra Venezuela