A los millones de venezolanos que desde hace años emprendieron un camino hacia el exilio, se suma otro fenómeno: el de los que ahora tienen que regresar porque el mundo al que fueron a buscar ayuda se llenó de peste y miseria.

Por: Clarín

Buscaron fortuna en Colombia, luego en Perú, en Ecuador. Pero la pandemia hizo pedazos el horizonte. A muchos los arrojó a una vida de limosnas.

Y así como llegaron, con un bolso y a pie, desandaron el camino de regreso al lugar del que se habían despedido: Venezuela.

Les dicen los “caminantes”. Para ellos no parece haber un lugar en el mundo. Están los que se van huyendo de su país. Y los que regresan escapando de los estragos del virus.

Unos y otros se juntan en el mismo lugar: el Puente Internacional Simón Bolívar en la frontera entre Venezuela y Colombia.

Un informe que Médicos Sin Fronteras compartió con Clarín relata el caso de estos migrantes que recorren miles de kilómetros en las mismas bicis con las que hacían trabajos de delivery en Bogotá o Lima para volver a casa. Con menos suerte, otros tienen que regresar a pie.

Caminan días, semanas, meses por senderos donde lo mejor y lo peor de la humanidad puede estar a la vuelta de la esquina.

Llegan al puente Simón Bolívar que une la ciudad de Cúcuta en Colombia con el estado de Táchira, en Venezuela; ese mismo puente que los había conducido a la esperanza.

Y ahora los devuelve al confinamiento que la pandemia obliga; una cuarentena que el régimen de Nicolás Maduro impone a los que entran.

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