noviembre 22, 2020 – 11:35 am

Foto: César García Garzón / Proyecto Migración Venezuela

Son los rostros de la superación. Estos migrantes venezolanos con disciplina y constancia se han convertido en ejemplo del emprendimiento en el país.

Dejaron de ser empleados para ser dueños de su propio negocio, con el que apoyan también a los colombianos a tener un trabajo digno.

Si bien la migración ha traído a Colombia más de 1.700.000 venezolanos, la gran mayoría no tiene acceso a un empleo formal. Muchos tocan las puertas de las empresas buscando una oportunidad de estabilidad económica. Sin embargo, otros arrancan con lo poco que tienen para formar desde una agencia publicitaria hasta una franquicia de alimentos.

Desde el 2015 hasta agosto de 2020, en Norte de Santander existen 1.179 emprendedores venezolanos, entre personas naturales y jurídicas, quienes han contribuido con una significativa inversión que supera los $800.000.000, según la Cámara de Comercio de Cúcuta.

La organización resaltó que los emergentes negocios tuvieron una participación del 3,2% en la totalidad de las empresas creadas en 2019, siendo principalmente los comercios de autopartes y reparación de vehículos, ventas de prendas de vestir, restaurantes, abastos, licoreras y peluquerías, los que tuvieron un mayor crecimiento.

Comercio online

En esa diversidad comercial, otros prefirieron explotar las redes sociales como fuente de trabajo, como hizo Francisco Falo González, egresado en ciencias políticas en Venezuela y profesional en marketing político.

Falo González decidió quedarse en el departamento porque, además de encontrarle a Cúcuta cierto parecido a su natal Maracaibo, se percató que muchas empresas desconocían el manejo de las redes sociales, algo en lo que él está capacitado para hacerlo, empleando estrategias de marketing digital, una comunicación publicitaria profesional y diseños de páginas web.

“Eso me pareció una buena oportunidad para emprender con una agencia de marketing digital, en ese momento contraté un equipo de trabajo a distancia para empezar el negocio y ahora todo mi personal está aquí en Cúcuta”, contó.

Sus primeros clientes fueron industriales de la confección, quienes lo recomendaron con otros fabricantes y seis meses después ya coordinaba las redes sociales de ocho empresas al mes.

En los últimos cuatro años, este emprendimiento le ha permitido emplear a 60 personas, incluyendo colombianos.

“He tenido socios colombianos. Me refiero a los que trabajan conmigo como compañeros y no como subordiEVos porque son grandes responsables en la creatividad de lo que producimos en la agencia. No miro su nacionalidad si no su talento y las ganas que tienen de trabajar como fotógrafos, diseñadores gráficos o community manager. Su apoyo ha sido primordial”, enfatizó.

Mi propio negocio

Del mismo modo, Karelis Bruzual narró que la participación del colombiano en su proyecto fue esencial para darse a conocer y siente plena satisfacción poder ayudarlos. Se desempeñaba en Venezuela como administradora de empresas y llegó a la ciudad hace seis años con ganas de “comerse al mundo”, de trabajar las 24 horas, los 7 días a la semana.

Inició con su hermana un negocio de preparación y venta de chicha a base de arroz llamado Chicha La Criollita. “Empezamos a salir los domingos con un termito y vasos plásticos al malecón y fue el boom, la gente la probó y les pareció deliciosa”, recordó Karelis.

De la venta informal pasó a proyectarse con un negocio más competitivo. Tres meses después de recorrer la calle vendiendo la bebida, participó en una feria, lo que aceleró su expansión con la construcción de puestos de expendedores.

“Cuando tenía tres carritos en la calle, tuve dos muchachas colombianas que me vendían. En algunas cafeterías la venta de mi producto por galones tuvo buena aceptación”, contó.

Más allá de nacionalidades lo importante para Karelis es la ayuda como hermanos. “Aquí se han alegrado de que vengamos a aportar un poquito con nuestro trabajo a la economía del país, con innovación, y el apoyo del colombiano ha sido enriquecedor”, dijo.

Otros planes

Abdul Muhamad Hernández, otro venezolano emprendedor, profesional en administración de empresas, tenía dos negocios, pero solo uno se ganó la atención del público: la comercialización y distribución de tortas y postres personalizados llamado Jardín de Sabores. Además crearon una línea de productos saludables o fit, dirigida a clientes que cuidan el consumo de azúcar.

Su sueño y el de su esposa eran crecer en Venezuela. Nunca planificó tener un local comercial en otro país, pero dijo que Dios tenía otros planes para ellos, así eso implicara comenzar desde cero.

“Siempre hemos oído que Colombia es un país de emprendimiento y decidimos enfocar nuestras energías en capacitarnos y darnos a conocer, sabemos que aún falta un largo camino”, comentó.

Destacó las oportunidades de las entidades de emprendimiento para tener mejor visibilidad en el mercado y mencionó que los colombianos han sido receptivos en su emprendimiento, permitiéndoles generar fuentes de empleo. “Actualmente por la pandemia solo nos colabora un muchacho colombiano encargado de los domicilios”, mencionó. A pesar de la situación, sigue motivado en salir adelante y dar una mano a la ciudad que le ha abierto las puertas.

Los venezolanos Gianfranco y Gerardo Giordano y Alejandro Luzardo crearon Colombeia, una empresa dedicada a la elaboración de productos de paEVería empacada con sede Cúcuta, con la cual pretenden abarcar el mercado nacional e internacional. Generar empleos para colombianos y venezolanos es gratificante para estos emprendedores. Brindar la posibilidad a personas de crecer profesionalmente y sostener a sus familias es preciado para ellos.

“Trabajamos con cucuteños, rosarienses, bogotanos, araucanos, venezolanos. Todos aportando su grano de arena para consolidarnos como una empresa regional de la que nos sintamos orgullosos”, relató Gianfranco.

Fortalecimiento

Jorge Ramírez Zambrano, profesor e investigador de la Universidad Libre (Seccional Cúcuta) y Director del Observatorio Regional del Mercado de Trabajo de Norte de Santander, opina que deben tomarse en cuenta las potenciales inversiones que puede provenir desde Venezuela y del capital humano calificado que logró salir a tiempo antes de la crisis de ese país.

Zambrano señala que en la era de la “nueva normalidad”, estos emprendimientos, además de integrar ambas nacionalidades, permitirán la reactivación económica, muy golpeada por la pandemia.

“Me parece positivo en la medida que los emprendimientos de venezolanos, de migrantes y retorEVos pueden ayudar a fortalecer el tejido empresarial y por supuesto a generar oportunidades laborales en Cúcuta y en Norte de Santander. Esto hay que hacerlo visible ante la sociedad como una especie de acciones afirmativas frente a hechos de xenofobia que son vigentes a nivel regional y en buena parte del país”, expresó.

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Johanny Bermudez Castro

Johanny Bermudez Castro

Periodista viviendo en los EE.UU.