Aunque sea una costumbre «extraña», desde el año pasado se instaló en Venezuela el llamado «Black Friday» o viernes negro, actividad caracterizada por la venta con descuentos de gran cantidad de productos.

El hecho de que se haga en Venezuela, por segundo año consecutivo, y más este 2020 que ha sido tan duro, por los efectos de la pandemia y el confinamiento, es muy positivo.

A pesar de ser una venta con descuentos, luego de que los negocios hayan permanecido cerrados o abierto a medias, representa una oportunidad para obtener algunas ganancias, recuperar clientes y, por qué no, invertir ese dinero en reposición de mercancía.

Varios sectores como el de vestido, calzados y electrodomésticos han asegurado que participarán, igual que los centros comerciales que abrirán sus puertas para recibir a la clientela.

En el sector del vestido, por ejemplo, celebraron la iniciativa y dicen que habrá descuentos de más de 50%, porque es necesario recuperar e invertir, como una especie de preparativo para los días de fiesta decembrina.

Además, la posibilidad de cobrar en dólares también es una esperanza de recuperación segura de capital.

Hablando de dólares. Esta semana se supo de la propuesta del BCV de formar una especie de cámara de compensación entre bancos, pero en divisas, para facilitar las operaciones interbancarias.

En este caso, cabe aclarar que la idea del BCV es precisamente facilitar esas transacciones dentro del sistema financiero, pero no significa que se haría oficial la dolarización.

Lamentablemente no hay planes para eso en el ejecutivo, por el momento. La moneda venezolana sigue siendo el bolívar. Para dolarizar oficialmente la economía deben pasar muchas cosas, entre ellas el levantamiento de las sanciones por parte de Estados Unidos y eso aún no ha pasado.

No obstante, el Ejecutivo permite que se hagan transacciones en dólares, al punto de 65% de las mismas ya se hacen en la divisa estadounidense.

Lo ideal es corregir los errores que han llevado a la monstruosa devaluación del bolívar que hemos visto esta semana, cuando en cuestión de horas nuestra moneda ha bajado a una velocidad de vértigo.