Francisco Umbral dijo que Madrid “es una excusa para contar historias”. Y en la ciudad, como en tantas otras, se han sucedido un sinfín de cambios a lo largo de los años. Hasta aquí se han trasladado diversidad de figuras de la literatura como Benito Pérez Galdós, que convirtió la ciudad en un personaje más, o Antonio López, que la ha inmortalizado con sus pinceles. Algunos vinieron jóvenes y se quedaron a vivir, otros llegaron de visita o dispuestos a dejar un testimonio de algunos momentos clave en la historia de la capital del país. William Klein retrató a niños anónimos, César Lucas inmortalizó a adolescentes pescando en el Retiro y Joana Biarnés capturó a los Beatles cuando pisaron la ciudad para dar uno de sus conciertos. También visitaron suelo madrileño actrices como Marlene Dietrich o Ava Gardner, celebridad que vivió algunos de sus mejores años en una ciudad que nos acoge con gusto. Todos ellos, tanto personajes célebres como absolutos anónimos, forman parte de Madrid, un libro fotográfico editado por La Fábrica que muestra cómo ha cambiado históricamente, arquitectónicamente y culturalmente la ciudad y cómo todo ello ha marcado su vida, su paisaje y su carácter.

“La belleza en una ciudad como Madrid, está en lo que sucede en un abrir y cerrar de ojos, en la inflexión de una mirada o un gesto, en una armonía compositiva que solo ha llegado a existir porque la capta un fotógrafo, pero que de otro modo desaparecería sin huella. En Madrid casi no hay más paisaje que el paisaje humano, que es el territorio privilegiado de la fotografía”, escribe Antonio Muñoz Molina en el prólogo. Dividido por décadas, por las 288 páginas desfilan grandes figuras como Cartier-Bresson, Robert Capa, Gerda Taro, Català-Roca, Ramón Masats, Inge Morath, Giani Ferrari, Cristina García Rodero o Miguel Trillo. En total, 160 instantáneas que nos llevan a imaginar cómo era la ciudad y cómo la vivieron los ciudadanos que la habitaron antes que nosotros.

Ramón Masats: ‘Casa de Campo’, 1961

“Madrid es una ciudad sexy pero se sonroja cuando alguien se lo dice, incluso cuando alguien lo piensa”, comenta el director de La Fábrica Alberto Anaut. El volumen reúne todo un catálogo de imágenes que la definen, desde las instantáneas de Alfonso, uno de los grandes cronistas de Madrid que la retrató desde todos los ángulos posibles, hasta las imágenes de un Paseo de la Castellana fantasmagórico durante el confinamiento. “Por aquí ha corrido la historia de España, la política, la cultura, el día a día”, amplía Anaut. Las primeras páginas de este volumen nos llevan de viaje hasta el Madrid de 1900, años en los que la ciudad buscaba convertirse en una gran metrópoli. A ella nos acercan fotógrafos como Alfonso, Francisco Goñi, Luis Ramón Marín o António Passaporte. Le sigue el florecimiento cultural que llegó con la Segunda República y la destrucción que trajo consigo la guerra civil a través de la lente de Cartier-Bresson, Robert Capa y Gerda Taro en el capítulo dedicado a los años que van de 1931 a 1939.

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Más tarde, entre 1940 y 1960, fotógrafos como Ramón Masats, Francesc Catalá-Roca o César Lucas fueron testigos de cómo la ciudad emprendía una lucha para reconstruirse. La población empezaba a crecer debido a la migración del campo a la ciudad, una evolución que no fue ajena a la mirada de fotógrafos internacionales como William Klein o Cas Oorthuys. Entrados los años 60 Madrid aún “era una ciudad sin hacer, a medio camino”, incide Anaut. De esa época son las imágenes de la calle Serrano que Gonzalo Juanes capturó en 1965 o las instantáneas en las que Joana Biarnés retrató a los Beatles (ella misma contó que las imágenes del concierto no le gustaron por lo que compró un billete para ir a Barcelona, donde tocaban al día siguiente. Su insistencia y arrojo le permitieron pasar tres horas con los chicos más perseguidos del panorama musical). También fue el periodo en el que grandes figuras de Hollywood pasearon su glamour por las calles de una ciudad que buscaba abrirse a la libertad y al mundo, intentando esconder las costuras del franquismo.

Por supuesto, tras la muerte de Franco “Madrid abre las ventanas y se sacude el polvo”, sostiene Anaut. De pronto llegó la apertura, la eclosión de los movimientos culturales y musicales, los conciertos, la extravagancia y las ganas locas de vivir. La Movida fue una de las grandes señas de la década: punks, rockers, mods… muchas de las tribus urbanas coincidieron en sus calles (llegando incluso a protagonizar altercados mortales como el que ocurrió en 1985 en la sala Rock-Ola) y Alberto García-Alix, Miguel Trillo, Ouka Leele y Pablo Pérez Minguez se convirtieron en sus grandes narradores. Son, sin duda, fragmentos de muchas historias, imágenes de personas anónimas que son quienes habitan la ciudad, la hacen vibrar y crecer.

A través de estos testimonios vemos cómo “ha cambiado la indumentaria, los gobiernos y las reivindicaciones”, comenta Andrea Levy, delegada de Cultura, Turismo y Deporte. Pero también observamos su transformación de villa en metrópoli y, al mismo, tiempo, vemos la debilidad de cualquier gran urbe (y de cualquier localidad, en realidad) en una última sección en la que, además de mostrar sus grandes atractivos, nos recuerda aquello que tanto nos angustió hace tan solo unos meses: un confinamiento que vació por completo las calles de una ciudad que vive deprisa, tan deprisa como sus habitantes. En definitiva, Madrid atraviesa, en palabras de Anaut, “todas las ciudades que ha sido”. Y no son pocas. 

@scamarzana