Venezuela está a punto de completar siete años de recesión económica y otros tres años en hiperinflación. Los economistas fueron los encargados de etiquetar toda la crisis y todavía no encuentran nada en los datos recientes que hable de “la luz al final del túnel”. Aunque ellos comienzan a resaltar pequeños cambios en la dinámica que pueden ser claves para la siguiente etapa económica del país.

“Es difícil hablar de un elemento positivo en la situación actual. Algo que puede considerarse esperanzador es que la empresa privada sostiene el poquito de la producción que tiene el país, a pesar de todas las distorsiones” aseguró la economista Alicia Sepúlveda, en entrevista telefónica con Efecto Cocuyo.

Justo este 17 de noviembre, 45, Sepúlveda reconoce el impulso de las empresas venezolanas que se mantienen operativas, que ofrecen puestos de trabajo y campean unas condiciones que incluyen la destrucción del sistema de precios y la falta de créditos bancarios.

Las empresas venezolanas operan casi bajo una tormenta tropical. La hiperinflación bien pudiera ser la lluvia diaria, mientras que los arrebatos de los fuertes vientos pueden venir disfrazados de falta de dólares en efectivo para dar vuelto, escasez de gasolina para buscar o repartir la producción o una lista de impuestos que tienen que pagarse por adelantado.

“Toda esta situación destruyó empresas por todas partes. Las empresas que sobreviven son las más grandes, porque muchas otras no tienen esa capacidad para adaptarse a ciertos cambios” explicó para Efecto Cocuyo, Carlos José Peña, economista y profesor de macroeconomía en la Universidad Central de Venezuela (UCV).

Esta adaptación por la fuerza a la crisis económica también tiene un lado B que puede entenderse como un cambio importante. Ahora ninguna de las empresas venezolanas habla de nuevas peticiones de dólares a tasa preferencial y ni siquiera de apoyos gubernamentales, algo que fue un marcador común hasta el año 2013 cuando Venezuela cayó en un ciclo de destrucción de su Producto Interno Bruto (PIB).

Adiós a la renta petrolera

Si algún hito de la crisis económica venezolana merece su propio libro es la caída de la producción petrolera. Al punto que durante este año 2020, Venezuela produjo menos de 350.000 barriles diarios y con eso, se despidió de aquella chequera abultada que centró la discusión de varios economistas sobre ¿qué hacer con la renta petrolera?

“Es hora de que dejemos de querer llevar a Venezuela a la época de la bonanza petrolera. A esa Venezuela sustentada en un commodity o un solo sector. Lo que necesitamos es incrementar la competencia productiva y permitir que se generen bienes y servicios de mayor calidad, esto para que los trabajadores también puedan mejorar sus ingresos” argumentó la economista Sepúlveda.

Ella no es la única en el gremio de los economistas que cree que es hora de pensar en otras vías para impulsar la economía más allá de Petróleos de Venezuela (Pdvsa). Tamara Herrera, directora de la firma Síntesis Financiera, por ejemplo, cada vez que puede repite que “el petróleo no será suficiente para la recuperación. El petróleo es y será indispensable, pero hará falta más”, como lo dijo en un foro en la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab) el año pasado.

La vieja discusión sobre cómo redistribuir las ganancias petroleras o a qué sectores favorecer con mayores apoyos económicos ya no tiene sentido. Ahora la economía venezolana representa cerca de 48.610 millones de dólares, de acuerdo con el último reporte del Fondo Monetario Internacional (FMI) y lo que toca es pensar “cómo hacer la torta más grande” como dijo Sepúlveda.

El próximo reto de los economistas venezolanos, tal parece, es identificar las áreas económicas con mayor potencial y que pueden volver al país más competitivo. Se trata, en definitiva, de imaginar una nueva economía venezolana. No en vano, Peña cree que “el reto más grande es ver qué queremos y hacia dónde vamos como país”.

Foto principal: Iván E. Reyes

Efecto Cocuyo