Promete Nicolás Maduro “sorpresas buenas y bonitas” para los venezolanos este diciembre. 

Descartada su renuncia (la sorpresa mejor y más bonita que podría darnos, y que causaría una ola de felicidad no conocida en este país por lo menos desde que los héroes del 41 se proclamaron campeones mundiales de beisbol, y mosca si no antes), uno se pregunta qué diablos podría hacer que los venezolanos saliéramos de este prolongado slump de tristeza que nos persigue (oh, casualidad), justo desde que ese señor se hizo con el poder por una mezcla de voto popular y ayudaíta de Smartmatic. 

Luego de una contracción de 90% de la economía durante su régimen, de la emigración de al menos 5 millones de personas, y de llevar a la pobreza a 98% de los venezolanos, es muy lógico que Maduro sea un huérfano de buenas noticias, verdaderas o, como es más frecuente, falsas. 

Algunas tan falsas que ni siquiera las anuncia, como por ejemplo, el aumento de salario, que se produjo por primera vez en mucho tiempo sin anuncio oficial. 

Maduro, el que se autopostula al premio Nobel de Economía, tiene por lo menos algo que ofrecer si hubiera un Nobel de Matemáticas: ha logrado que los ceros a la derecha que le mete a la economía se conviertan instantáneamente en ceros a la izquierda. 

Báilame ese polinomio en la uña.

Es más: ni siquiera había anunciado el aumento de sueldo, y el dólar ya se había disparado a 666 mil. Parecen cosas del diablo; huele a azufre, diría el difunto. 

Sorpresas «buenas y bonitas», quién sabe pa’ cuando

Total que Maduro anuncia que vienen “sorpresas buenas y bonitas”, y lo siguiente que pasa en este país es que desaparece la gasolina. Había dicho Maduro unos días atrás, como cosa buena, que el país tenía 20 días de reserva de gasolina, y la gente se lo tomó mal: “¡solo quedan 20 días de gasolina!”, decía la gente en las redes, alarmada. 

Hasta yo defendí a Maduro en ese momento, pero resulta que la gente tenía la razón. Maduro da malas noticias hasta cuando intenta dar buenas noticias. 

Además, el preludio de las navidades felices viene con inundaciones, un recrudecimiento de los apagones, y el precitado dólar, en rumbo invencible al millón de soberanos, es decir, 100 billones (100.000.000.000.000) de bolívares de 1999. 

Busquen un billetico de Zimbabue y pónganle la cara del candidato al Nobel de Economía con 19 en la boleta, según la «imparcial» y de «criterio propio» visión del hijo del candidato, y lo llevamos a Oslo a ver si cuela.

No se pierdan las pedradas de García Otero en Caraota Digital, directo al grano: 

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