La exhortación de la Conferencia Episcopal Venezolana, publicada en la semana que recién culmina, si bien esclarece las dudas que había dejado la polémica comunicación anterior de la Iglesia Católica, de lleno puede llevar a cualquier buen entendedor a la siguiente conclusión: los curas se alzaron contra la dirigencia política y partidista.

Es verdad que ha sido sumamente dura la opinión de los sacerdotes frente al régimen de Nicolás Maduro, al fin y al cabo, culpable mayor de los males que han postrado a Venezuela en ruina económica y en la más grave crisis humanitaria; pero a la oposición también le ha espetado que no representa una opción real para lograr el cambio que anhelan los venezolanos.

Hemos consultado la opinión sobre el documento de la Conferencia, tanto a dirigentes políticos, como a ciudadanos “comunes y corrientes”, y si bien hay acuerdo sobre lo mal que puede resultarle a la golpeada población que aún hoy no se haya superado la división entre diversos factores políticos, no se acompaña tanto a los sacerdotes en eso de que no hay ni plan, ni ruta alternativa real.

Es más, hasta se ha llegado a recordar que los criterios expresados por los religiosos en su documento anterior, más bien propendían a dividir más a la dirigencia opositora, que en su mayoría, por ejemplo, había manifestado que no participaría en el fraude electoral preparado por Nicolás Maduro para construirse una Asamblea Nacional a su medida.

Recuérdese que en aquel documento la Conferencia, tras decir que no bastaba con abstenerse para caminar hacia las soluciones de los problemas de la gente, pasó a decir que una participación masiva en esas elecciones podría contener las intensiones totalitarias y abusivas del gobierno.

Con aquella sentencia, al menos varios obispos de la iglesia católica, no solo daban aliento a los divisionistas y hasta a los llamados “alacranes traidores” de la oposición vendidos por incalculables fortunas; sino que además se aislaron, ellos mismos, de su propia línea de acción, pensamiento y recomendación. Ahora, críticos como siempre, se han re-enfocado, y si bien fustigan a la división opositora, disparan su artillería más pesada al régimen que sigue empotrado en Miraflores.

Los Obispos se levantan la sotana y abren fuego

Es sumamente importante que la exhortación sentencie que en Venezuela, si de ruta electoral se va a hablar, nada sirve si además de condiciones y veedurías calificadas no se tiene claro que hay que escoger Presidente. Los curas le han gritado a Maduro que no tiene legitimidad, en otras palabras le han recordado su usurpación, y le exigen no hacerse el loco con eso.

También los sacerdotes, no solo han validado y recordado la gravedad de las conclusiones a las cuales han llegado la Alta Comisionada de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y la comisión independiente de verificación de hechos, sino que además ha dicho que esas sentencias se quedan cortas. Es decir, por si las dudas, la Conferencia denuncia directamente a Maduro y sus equipos como criminales de lesa humanidad.

Tras exigir que los responsables de las ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias y torturas, sean juzgados; los obispos le se “lanzan durísimo” contra la recién aprobada ley antibloqueo, designándola como “una expresión más de la voluntad del gobierno de conducir a nuestro país por caminos distintos a la legalidad, y así dilapidar los recursos nacionales que son de todos, con el agravante de que ahora pretende hacerse de forma oculta y discrecional”.

Quienes han leído y releído el nuevo documento de los obispos, desde la acera contraria al régimen madurista, no hallan problema en identificar la recriminación permanente a la pillería, que llega al extremo de concluir que al gobierno lo único que le interesa es mantener a toda costa el poder, sin que le importe el dolor que esto pueda causar a la población.

El mensaje que pareciera un poco oculto, aunque luce muy directo

El corazón del mensaje de los obispos de la Conferencia Episcopal, claramente es el sufrimiento del pueblo venezolano, al que se le concede pleno derecho y comprensión a la hora de haber tomado las calles para protestar, como sucedió hace apenas unas semanas, sorprendentemente en un “encendido de mecha” que tuvo origen en Yaracuy, y que detonó manifestaciones en al menos 18 estados de Venezuela.

La censura informativa, la represión de los organismos policiales y militares, y más persecución política por vías judiciales, son la respuesta del régimen, duramente vapuleada por los obispos, quienes además retratan como abominable, el saqueo y el maltrato del que son víctimas los humildes que ahora protagonizan una suerte de camino al calvario, tratando de huir de Venezuela, a pie, desde donde sea y hacia la frontera.

Finalmente, y esto ha sido muy estudiado en el marco del documento de la Conferencia Episcopal, en esta oportunidad los obispos hacen una “exhortación” y no es ni al cuestionado gobierno de Maduro, ni al gobierno interino de Guaidó, hacia donde dirigen su voz y su mirada. Le hablan casi imperativamente a la sociedad civil.

“Las diversas organizaciones civiles, las universidades, los gremios, las academias, los empresarios y los trabajadores, las comunidades de los pueblos originarios y los jóvenes, deben hacer esfuerzos en conjunto para restablecer los derechos democráticos de la nación”

Rematan los obispos con el convencimiento de que “es necesario acompañar la protesta pacífica, cívica y social que hoy se extiende en todo el país, establecer una ruta clara para la transformación política, democrática y civil, y superar personalismos que dañan la misión colectiva de lograr una Venezuela donde vuelva a imperar la justicia y la paz”.

Es decir, y sin caer en el que puede ser un muy interesante debate sobre a quiénes se refirió la Conferencia Episcopal con lo de los “personalismos a superar”; que está convocada la sociedad civil, más que la misma y siempre muy importante masa de activistas partidistas opositores, a tomar las riendas con carácter de urgencia.

¿Se sumarán los sacerdotes a la consulta de la sociedad civil?

Una importante manifestación activa de la sociedad civil está ya corriendo por toda Venezuela, por cierto, aludiendo vías pacíficas y desafiando al régimen de Nicolás Maduro en su empeño de llevar a cabo unas elecciones fraudulentas el próximo 6 de diciembre: La Consulta Popular.

Es verdad que aún en la calle, dentro o fuera de Venezuela, la propuesta de la Consulta no ha terminado de ser comprendida, ni ha logrado encender el entusiasmo suficiente de los contrarios a Maduro y su secuela de miseria. En esto, la censura y la autocensura impulsada por el régimen pesa mucho, como también la campaña adversa de factores críticos a Juan Guaidó, que han llegado a decir que esa actividad es una idiotez.

La Consulta Popular propuesta para las próximas semanas, antes que arranque en plena campaña, pretende ser vapuleada porque presuntamente los temas que abarca ya habían sido preguntados a los venezolano en 2017, y eso es absolutamente errado: no se había producido a plenitud la usurpación en la presidencia, no se daba en tiempos de una comunidad internacional desconociendo como ahora al régimen, y mucho más.

En realidad, al margen de las críticas que se le quieran hacer a la actual Asamblea Nacional, al gobierno interino, a los partidos políticos; nada supone limitar o impedirle a la población gritarle al régimen, gritarle a toda la comunidad política, pero además gritarle al mundo entero, cuál es su determinación en esta hora tan grave. Eso supone la Consulta Popular.

De paso, recién juramentados, los integrantes de la comisión de la rectora son todos, absolutamente todos, del perfil que citan los obispos en su más reciente exhortación, como quienes tienen que tomar el toro por los cachos. Esos nombres, dentro y fuera de Venezuela, resultan muy difíciles de cuestionar, imagina uno, incluso hasta para las autoridades de la Iglesia Católica.

Las preguntas de la Consulta, que están siendo revisadas por la comisión rectora bajo la coordinación del Dr. Colmenares Finol, abarcan los temas sobre los cuales se centran las esperanzas de los venezolanos en el mundo. Pero, claro, ahora la cosa no sería solo de esperanza, sino de voz y de mandato, además vinculantes según la Constitución Nacional.

El fin de la usurpación, la exigencia de condiciones totales y observación mundial a elecciones presidenciales y parlamentarias, el llamado a la comunidad internacional para que proteja al evento y al cumplimiento de sus resultados; son temas distintos a los consultados el año 2017.

En consecuencia, la exhortación a los ciudadanos, hecha por los Obispos de la Conferencia Episcopal Venezolana, si bien ya tiene al frente este movimiento de la consulta popular organizándose en decenas de países y en todos los estados de Venezuela bajo la rectoría de la sociedad civil; también se supone que acarreará un nuevo paso de la Iglesia Católica con todos sus pastores al frente.

Hace algunas semanas, tanto los cardenales venezolanos, como los obispos de la Conferencia Episcopal, estuvieron muy atentos al camino que les recomendó apoyar el ex gobernador Henrique Capriles. Pero la no participación de la Unión Europea en calidad de observador internacional y su reiteración de que no hay condiciones mínimas para la celebración de “esas elecciones de Maduro”, deben cambiar a la iglesia, más allá del contenido de un documento.

Se conoce que tanto con la iglesia católica y las demás organizaciones religiosas, como con el mismo Henrique Capriles, los integrantes de la sociedad civil que se apresuran en esta carrera de poco tiempo para hacer una exitosa consulta, procuran contactos, intercambios de ideas y adhesiones a lo que debería ser una enorme manifestación de voluntad ciudadana.

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