La puesta en funcionamiento de un pozo requiere un estudio previo del terreno, un análisis de la salubridad del agua que se va extraer, perforar, a veces a más de cien metros de profundidad, y acondicionar la instalación.

El costo total suele rondar entre US$15.000 y US$25.000 que es pagado por los ciudadanos.

Completado el trabajo, el suministro permanente de agua queda garantizado, pero no todos pueden permitírselo en la situación actual de Venezuela.

El agua de mejor calidad y para los que tienen menos recursos suele encontrarse a los pies del Ávila, donde se ubican las zonas residenciales algunas de menores ingresos como la comunidad de Cotiza.

Allí, Cesar miembro de la junta vecinal, nos cuenta cómo la comunidad se organizó e instalo tubos que conectan a la montaña.

Estas instalaciones bajan hasta un punto de la localidad donde los vecinos van a abastecer, esto para ahorrarles el trabajo de tener que caminar kilómetros por la autopista con potes a cuesta.

«Suele ser agua muy buena, que procede de manantiales, la que viene de tuberias viene sucia»

nos cometa.

Pero lo que empezó siendo un recurso para los que tienen mayores ingresos para compensar las carencias en un servicio público esencial va camino de convertirse en tendencia generalizada.

Los trabajos para perforar pozos empiezan a verse ya también en zonas mas populares como es le caso de los vecinos de Petare.

En esa zona, en las puertas de sus casas, no es extraño, vecinos con taladros no industriales y a pico y pala se han dispuesto a crear pozos, pero el agua que logran sacar no es desmineralizada y no es apta para el consumo.

Por qué no llega el agua a los hogares

Muchos atribuyen los constantes fallos en el suministro a las averías y la falta de mantenimiento en la infraestructura.

Según José María de Viana, expresidente de Hidrocapital, la compañía pública encargada del servicio a Caracas, «los embalses de donde viene el agua están llenos, pero están en zonas más bajas y alejadas, y muchas de las bombas que deben traerla hasta aquí dejaron de funcionar hace tiempo».

De Viana estima que el agua subterránea cubre un 10% de la demanda de la ciudad y que «el ritmo actual de perforación no es alarmante, pero puede serlo si no se resuelve el problema de fondo y esto se prolonga en el tiempo».

«Ya hemos visto pozos que se secaron por su sobreexplotación en Maracaibo o Valencia», otras ciudades importantes del país.

«El pozo le cambia la vida a la gente, pero ahí abajo no hay agua para todos», indicó en entrevista realizada por la BBC.

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