Nuevas investigaciones nos van echando luz sobre las formas de contagio y dispersión del coronavirus, y una de las últimas, llevada a cabo en Japón, apunta a un mayor riesgo de contagio en interiores secos en invierno.

Sugiere que el uso de humidificadores puede ayudar limitar las infecciones durante los momentos en que la ventilación de la ventana no es posible.

Investigadores de Riken y la Universidad de Kobe utilizaron la supercomputadora Fugaku para modelar la emisión y el flujo de partículas similares a virus de personas infectadas en una variedad de ambientes interiores, y concluyeron que con una humedad del aire por debajo del 30 por ciento, las posibilidades de contagio son más del doble que cuando permanecemos en espacios con una humedad superior al 60 por ciento.

¿Qué es un humidificador y para qué sirve?

Es un dispositivo muy sencillo, compuesto por un recipiente de agua que mediante diferentes sistemas, se evapora y pasa a formar parte del aire de la estancia en la que lo tenemos colocado. Con él vamos a mejorar la humedad de la estancia y a favorecer que el aire que respiramos sea menos agresivo para las vías respiratorias.

El humidificar ayuda a mantener niveles adecuados de humedad en el ambiente, siendo especialmente útiles en invierno, cuando el ambiente se reseca por el uso de la calefacción y se renueva menos el aire en casa.

Los humidificadores nos ayudan a mejorar ese ambiente mediante el aumento de la humedad, lo que también se traduce en un menor riesgo de que los microorganismos causantes de infecciones respiratorias proliferen. Además, conseguimos que el aire no sea tan seco, lo que evita que el aire produzca irritaciones en la garganta y la piel. Por último, el paso de los resfriados se hace más llevadero si la humedad está entre el 40 y el 60 por ciento.

La humedad ideal del aire debería mantenerse entre un 40 y un 60 por ciento. Si en vuestra casa el aire es muy seco, tal vez pueda ser una opción.

Tipos de humidificadores

Aunque hasta hace poco lo habitual era diferenciar entre vaporizadores y humidificadores, nosotros vamos a considerar los dos como humidificadores:

  • Humidificadores de vapor frío: funcionan mediante ultrasonidos que evaporan el agua del recipiente de forma muy eficiente. Sus ventajas son básicamente tres: no suponen un peligro por fuente caliente, podemos usarlos en verano ya que no aumentan la temperatura ambiente y el vapor de agua que producen es más fino y fácil de inspirar. En algunos modelos recomiendan usar agua destilada ya que el equipo no la hierve antes y podría llevar microorganismos infecciosos.
  • Humidificadores de vapor caliente: usan la evaporación por calor como método, con lo que podemos usar agua del grifo. Son más baratos que los ultrasónicos pero suponen un peligro por funcionar calientes y además elevan la temperatura ambiente.

Un tipo especial de humidificadores son los que llevan ionizador, con lo que se gana un extra que es la generación de iones negativos que atacan las partículas contaminantes del aire y lo mantiene más limpio y puro.

En general, de los humidificadores debemos vigilar:

  • Limpieza, de manera que no provoquemos que ellos mismo sean una fuente de microorganismos no beneficiosos. Importante no usar detergente o aclararlo muy bien porque los restos se integrarán en el ambiente cuando activemos el equipo. El agua también debe cambiarse a diario.
  • Usarlo cuando sea conveniente, es decir, cuando haya problemas respiratorios, en invierno por la sequedad del aire o cuando la combinación temperatura-humedad no sea la correcta.
  • Cuidado dónde lo ponemos, que no esté al alcance de los más pequeños.

Humidificadores, ¿son beneficiosos para los niños?

El humidificador contribuye a elevar la humedad de la habitación donde duerme el bebé siendo beneficioso cuando hay enfermedades respiratorias, pero su uso no está siempre recomendado.

En casos de tos seca porque el ambiente sea seco, los humidificadores pueden ayudar, y en caso de mocos, podrían ayudar a que las secreciones sigan siendo líquidas y el niño las pueda sacar mejor.

Sin embargo, hay que limpiarlo y secarlo bien todos los días para evitar que se contamine de bacterias o moho y acabe siendo peor el remedio que la enfermedad. Además, un uso excesivo puede provocar humedades y moho en las paredes y techo de la habitación, y podría ser contraproducente para la salud del bebé.

Por otro lado, si la tos tiene como causa una bronquitis o es de origen asmático, el uso de un humidificador está contraindicado. 

Según la Asociación Española de Pediatría «el uso de los humidificadores está limitado al tratamiento sintomático de enfermedades respiratorias como los resfriados comunes y las laringitis. Se desaconseja su uso en niños asmáticos y con rinitis alérgica por la posibilidad de desencadenar su sintomatología».

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