El de 2009 fue un ‘annus horribilis’ para el ‘Zar de Mercal’, que por entonces se disponía a pasar de ser un fabricante y comerciante, candidato a sustituir a Polar, a convertirse en todo un banquero. Pero justo en ese momento los cuatro bancos que ya casi había comprado fueron intervenidos y el empresario cayó en prisión. Tras las rejas tuvo oportunidad de urdir un plan para recuperar el dinero en dólares que había invertido, mediante una compleja transacción, para adquirir uno de esos bancos y la casa de bolsa asociada. Las maniobras para ejecutar el plan, primero, llamaron la atención del Deutsche Bank y el Departamento del Tesoro en 2012 y, luego, intentaron lograr su cometido en las cortes de Nueva York todavía en 2019. Sin éxito.

ANDREÍNA ITRIAGO

Todavía hay quienes recuerdan a Ricardo Fernández Barrueco de cuando su familia administraba el estacionamiento del otrora Caracas Hilton, hoy llamado Hotel Alba Caracas. Lo tienen en su memoria como un hombre trabajador, que incluso lavaba los carros de sus más fieles clientes, los que acudían al gimnasio del hotel, que también manejaban los Fernández. Allí conoció a artistas y políticos, nacionales e internacionales, por igual. Pero así como el chavismo se encargó de eliminar todo vestigio de la conocida cadena estadounidense de hoteles, llegado el momento eliminó, también, y sorpresivamente, el rastro de aquel hombre que le lanzó un salvavidas a la revolución y ayudó a mantener la distribución de alimentos durante el paro petrolero de 2002.

El fallecido Hugo Chávez también tuvo su Alex Saab: Fernández Barrueco, de ascendencia española, se convirtió en el principal proveedor de Mercal, el primer programa de alimentos subsidiados del chavismo. En aquellos años fue conocido como el “boliburgués por excelencia”, una suerte de antecesor de otros que surgirían después, como el empresario barranquillero, proveedor de los Clap a través de un complejo entramado de empresas fantasma. A diferencia de este, que espera una extradición en Cabo Verde, Fernández Barrueco fue capturado en su propio país, por su propia gente y en su mejor momento: cuando buscaba diversificar sus negocios y esperaba convertirse en banquero.

Para 2009, con apenas 44 años de edad, ya había logrado erigir un emporio con decenas, quizás centenares, de empresas —una cifra que el propio hombre de negocios no puede precisar pero que podría rondar las 270 compañías, “ninguna de maletín”, se jacta en entrevista para este reportaje— principalmente relacionadas con la producción, transporte y distribución de alimentos con un valor que, asegura, superaba los 2.000 millones de dólares. Su fortuna fue fruto de 25 años de trabajo, en los que fue contratista del Estado, también, durante los últimos gobierno de la llamada Cuarta República. Pero habría sido su vínculo con Adán Chávez —el actual embajador de Venezuela en Cuba y hermano mayor del fallecido expresidente venezolano— el que lo catapultó durante los primeros años del chavismo. Él, sin embargo, niega que esto fuera así, y argumenta que a Adán Chávez lo conoció en Barinas, entrado 2008, poco antes de su caída en desgracia.

A finales de ese año, decidió, como otros polémicos empresarios de la época, adentrarse en el mundo de la banca. Lo hizo, según explica, tras haber recibido una llamada del entonces ministro de Economía, Alí Rodríguez Araque, en la que le pedía que, dada su liquidez, necesitaban que invirtiera en los bancos. Junto con Telefónica y Cargill, su grupo estaba entre los primeros ahorristas en bolívares del país. “Nuestra generación de caja era muy grande”, reconoce él.

El plan, según le explicó Rodríguez Araque, era, por vía de fusión, recoger 15 bancos con problemas de solvencia, para reducirlos a tres, que quedaran sanos y capitalizados.

Pese a no ser banquero, Fernández Barrueco suscribió la opción de compraventa de cuatro de esos bancos: Bolívar, Confederado, Provivienda y Canarias. En ese orden. Todos eran pequeños y arrastraban problemas financieros desde 2006.

La iniciativa tuvo obstáculos desde el origen y ha generado una larga cadena de litigios e intentos pocos ortodoxos del empresario, que nunca llegaría a ser banquero, por recuperar lo que no solo fue una mala inversión, sino que también lo llevó a cárcel. De estas maniobras quedó huella en la filtración de los FinCEN Files, una investigación colaborativa entre 108 medios de 88 países, entre ellos Armando.info, sobre los más 2.100 reportes de actividad sospechosa (SAR, por sus siglas en inglés) enviados por bancos a la unidad de inteligencia financiera del Departamento del Tesoro de Estados Unidos, obtenidos por Buzzfeed News y compartidos con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ).

Apenas después de poner sobre la mesa su opción a compra del grupo de bancos, Ricardo Fernández Barrueco sufrió un primer revés, definitivo, para sus pretensiones. El 20 de noviembre de 2009, el gobierno anunció la intervención a puertas abiertas de las cuatro instituciones bancarias que quería comprar, tras determinar incumplimientos, sobre todo relacionados con el aumento de capital sin especificar el origen de los fondos, así como también con los índices de solvencia, con carteras dirigidas y la prohibición de realizar operaciones con empresas vinculadas, según detalló Rodríguez Araque.

Y fue un poco más allá. Aseguró que el gobierno movería “cielo y tierra” para hallar a los responsables y aplicarles “todo el peso de la ley”. La medida sorprendió a más de uno, por las conexiones del empresario con la cúpula gobernante, y a él mismo también. En medio de su sorpresa, Fernández Barrueco se trasladó a la sede de la policía política, para aclarar el origen de sus fondos.

“A mí me llamó (Miguel) Rodríguez Torres y me dijo: ‘Hay un avión pa’que te vayas del país porque no queremos que estés aquí, yo te recomiendo que te vayas’. Yo le dije no, y me fui para la Disip, como a las 11:00 am, y él llamó al presidente Chávez y estuvimos durante cuatro horas ahí, peleando, hasta que me dijo: ‘Mira, entonces si te vas a quedar, te vas a quedar detenido’, y así fue, ese fue el último día que estuve en libertad (…) Al final terminé entregando ocho valiosos años de mi vida”, dice, once años después de que lo apartaran, cuando la filtración de los FinCEN Files revive lo sucedido aquellos meses.

Justo por esos días de noviembre de 2009, el grupo de Fernández Barrueco estaba fraguando una enrevesada operación con el Deutsche Bank para inyectar capital a U21, como requisito de las autoridades venezolanas para autorizar la adquisición de la participación mayoritaria en el Consorcio Credican (casa matriz tanto del Banco Canarias como de la casa de bolsa) por parte del grupo de Fernández Barrueco.

“Nunca se aprobó la venta por el órgano regulador, en consecuencia, ni (figuré) como miembro de la Junta Directiva, ni como accionista de las cuatro entidades bancarias”, aclara Fernández Barrueco desde Panamá, en intercambios electrónicos y telefónico con Armando.Info.

Más detalles en Armando.info

Claudia Arriaga Amengual

Claudia Arriaga Amengual

Escribidora