Llevamos pocos días de otoño, pero podríamos decir que en lo que al clima se refiere la cosa anda un tanto loca. Hemos tenido días con temperaturas primaverales, pero también otros de mucho frío, lluvia y viento que los niños han sentido especialmente en las aulas, ya que deben dar clase con las ventanas abiertas como medida de prevención frente al coronavirus.

Desde los colegios piden a los padres que los niños lleven ropa de abrigo para estar en clase, ¡y eso que todavía no ha llegado el frío de verdad! ¿Qué pasará cuánto esto suceda? ¿Mantener las ventanas abiertas en invierno podría hacer que los niños enfermaran de otras cosas? ¿Cómo encontrar el equilibrio entre comodidad y salud?

Aulas con ventanas abiertas: ¿cuáles son los motivos?

Empecemos por el principio, ¿por qué es necesario que las ventanas permanezcan abiertas mientras los niños dan clase?

Esta medida ya se contempló hace tiempo en el documento para centros educativos publicado por el Ministerio de Sanidad, así como en los protocolos para una vuelta al cole segura que manejan las distintas comunidades autónomas, y se debe a la teoría de que el coronavirus se contagia especialmente a través de aerosoles, es decir mediante partículas más pequeñas que pueden permanecer suspendidas en el aire durante horas y ser inhaladas por las personas que se encuentran alrededor.

De este modo, los científicos creen que el SARS-CoV-2 se comportaría de manera similar a otros virus como el virus sincitial respiratorio (VRS) y la gripe estacional, que sobreviven mejor en aerosoles que en superficies. Por ello consideran que el distanciamiento social y la mascarilla, aun siendo muy importantes, no serían suficientes para brindar protección contra las microgotas respiratorias portadoras de virus y suspendidas en el aire en espacios cerrados.

Esto conlleva a incidir en la necesidad de trasladar el mayor número posible de actividades al aire libre y mejorar el aire de los espacios cerrados mediante la ventilación

En el protocolo para centros educativos elaborado por la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid puede leerse lo siguiente: «cada vez existe más evidencia acerca de que el virus puede permanecer en el aire en espacios cerrados y con mala ventilación, por ello la ventilación es una de las medidas más eficaces para minimizar la transmisión«.

También la Asociación Española de Pediatría (AEP) mostró su posición al respecto en un documento elaborado en el mes de mayo (y supervisado en agosto) para la reapertura segura de los colegios:

«La transmisión de virus en espacios interiores es entre 15 y 20 veces más eficiente que al aire libre. Por tanto, todas las actividades que se puedan llevar a cabo en su totalidad o de forma parcial al exterior deberán realizarse al aire libre en la medida de lo posible»

«La ventilación frecuente de las aulas (abriendo las ventanas y puertas varias veces al día o durante todo el tiempo que sea posible) así como la limpieza y desinfección de estas deberá realizarse todos los días»

Y añade que en aquellos casos en los que la ventilación frecuente sea difícil, «cada escuela deberá valorar los costes/beneficios de instalar sistemas de depuración y filtro de aire«, pues algunos han demostrado su eficacia «a la hora de eliminar ciertas partículas y contribuir potencialmente a disminuir el riesgo de infección»

Por su parte, el Ministerio de Sanidad ofrece pautas sobre cómo realizar una correcta ventilación en las clases:

«Se deben realizar tareas de ventilación frecuente en las instalaciones, y por espacio de al menos cinco minutos (mejor 10 minutos si la sala estaba ocupada de antemano) al inicio de la jornada, al finalizar y entre clases. Cuando las condiciones meteorológicas y el edifico lo permitan, se deben mantener las ventanas abiertas el mayor tiempo posible«

¿Pero estudiar con las ventanas abiertas no podría hacer que los niños enfermaran de otras cosas?

«¡Se librarán del COVID, pero enfermarán de gripe o pulmonía!», se quejaba el otro día una madre en la puerta del colegio cuando su hijo le comentó que había pasado frío durante la jornada por culpa de las ventanas abiertas. Sin duda, este es el sentir general de muchos padres, pero ¿realmente el frío puede traer consigo este tipo de enfermedades?

La pediatra Miryam Triana Junco es contundente: «la idea de que si pasamos frío podemos contraer catarros, gripe o neumonía es un mito. Estas enfermedades son infecciones respiratorias que se contagian porque estamos en contacto con alguien enfermo y/o con sus secreciones respiratorias»

Es decir, los virus aprovecharían el hacinamiento en lugares cerrados y la falta de ventilación y renovación del aire para actuar, por lo que los espacios no ventilados son sus verdaderos caldos de cultivo.

«Sin embargo, con el frío llegan las infecciones respiratorias«, es probable que estés pensando. Y en cierto modo es así, aunque no se debe al frío en sí mismo sino a las consecuencias que el frío trae consigo. Así nos lo explica la pediatra:

«Es cierto que en invierno enfermamos más, pero se debe a dos motivos principalmente: por un lado, al hacer frío fuera pasamos más tiempo en espacios cerrados y en contacto estrecho con otras personas, de manera que si hay alguien enfermo el contagio será más probable. Por otro lado, algunos virus viven mejor y se multiplican más con bajas temperaturas.

En cualquier caso, aunque no enfermemos a causa del frío propiamente dicho, la pediatra nos recuerda la importancia de abrigar a los niños correctamente de acuerdo a la temperatura y a sus necesidades, pues no todos sienten el frío de la misma forma.

En este sentido, es probable que este año sea necesario que nuestros hijos lleven en su mochila un forro polar para abrigarse en clase con el objetivo de que estén cómodos y a gusto durante la jornada escolar, y puedan trabajar con toda la atención. Porque si bien pasar frío no hará que los niños enfermen más que antes, sí que puede llegar a ser realmente desagradable e incapacitante.

Así pues, podemos estar tranquilos si el colegio de nuestros hijos da clases al aire libre o los alumnos trabajan con las ventanas abiertas incluso en invierno. Es más, la pediatra nos apunta un dato esperanzador:

«Aunque no podemos saber lo que ocurrirá en nuestro medio, los datos que tenemos del hemisferio sur muestran un descenso muy importante de otras infecciones estacionales como gripe y VRS, probablemente por todas las medidas de prevención que se están llevando a cabo, como el uso de mascarillas, higiene manos, distancia social y ventilación»

Fotos | iStock

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