Los demócratas venezolanos sabemos que nuestra unidad es indispensable para alcanzar la libertad y restablecer el estado democrático de derecho. Antes, debemos salir del usurpador Maduro, poner fin al régimen oprobioso y lograr la libertad para todos y particularmente la de los presos políticos.

Para alcanzar estos objetivos debemos entender que el ejercicio de la política trasciende lo electoral y darle contenido a una unidad mínima que debemos ampliar hasta llegar a la necesaria para salir del régimen. Pudiéramos comenzar por convenir que vivimos en dictadura, que es indispensable deslindarse claramente de ella, que la vía electoral está suspendida, que es necesario una fuerza superior para salir de la dictadura, que la ayuda internacional es imprescindible. Después, debemos extender la unidad, ajustarla en el tiempo y adecuarla a las realidades que van surgiendo. En tal sentido la participación electoral puede llegar a ser conveniente y el apoyo internacional de variada índole.

La unidad mínima puede soportar distintas estrategias, variados movimientos tácticos éticamente aceptables. Eso sí, como diría el padre Andrés Bravo “escuchando el grito desesperado del pueblo empobrecido que clama justicia, paz y libertad”.

Alcanzar la unidad mínima implica confiar en la disposición y compromiso de quienes la comparten, aun cuando las motivaciones o actuación de ayer o de hoy puedan ser muy distintas. Debemos mirar al futuro más que al pasado teniendo presente que equivocarnos en nuestras decisiones sobre todo estratégicas tiene un costo altísimo que ya estamos pagando, pero no nos convierte en traidores.

Al pactar un objetivo común y acordar una unidad mínima, podemos desarrollar distintas estrategias mientras no sean contradictorias. Por el contrario, pueden desarrollarse paralelamente y complementarse, tener diversos responsables y permitir una división del trabajo que puede ser muy efectiva. En alguna medida eso fue lo que ocurrió en 2007 cuando rechazamos la propuesta de reforma constitucional. Una unidad mínima supone determinar y rechazar los discursos, posiciones, planteamientos o actitudes que la entorpecen. 

Alcanzar la unidad mínima exige el concurso de todos y por supuesto de Guaidó, Capriles y María Corina Machado. Son importantes adversarios del régimen que ejercen un liderazgo nacional como también lo tienen Antonio Ledezma, Leopoldo López, Julio Borges o Juan Pablo Guanipa. Por supuesto, también son muchos los compatriotas que luchan sin descanso por la libertad y demasiados los que han debido marcharse del país o perdido la libertad o la vida. Y por supuesto también se requiere el concurso de partidos y organizaciones de la sociedad civil que coloquen la libertad de Venezuela como objetivo fundamental.  

Es conveniente recordar que María Corina fue la primera dirigente política de primer nivel que en su discurso comenzó en forma permanente a calificar de dictadura al régimen del cual siempre ha estado claramente deslindada. Capriles, no obstante, el infeliz final, ha sido el mejor candidato que hemos tenido. Su conducción fue de gran amplitud. Nos llevó de una oposición lite a una que confrontaba y desafiaba abiertamente al régimen. Guaidó surgió en un difícil momento. Desconoció a Maduro y asumió con valentía, decisión y compromiso la presidencia interina de la República. Alcanzó una popularidad y apoyo interno e internacional sin precedentes.

Acordando los contenidos de la unidad mínima simultáneamente debemos pactar el camino o los caminos a transitar, determinar los planes y responsabilidades para impulsar la reconstrucción de la Venezuela democrática.

 

Rafael Díaz Blanco|@rafidiaz|https://alzandolavoz.wixsite.com/rafidiaz

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Allynexis Pérez Páez

Allynexis Pérez Páez

Escribidora.