El conflicto atrae audiencia y vende, dicen siempre los analistas de la comunicación social. El ejemplo práctico de esa premisa es Steven Crowder, un youtuber conservador de Estados Unidos, que reparte insultos a diestra y siniestra, vive del conflicto y de crear polémica. Paradójicamente, su conducta le gana seguidores y anunciantes.

El Político

Crowder gana muchísimo dinero en publicidad. Sus niveles de audiencia, con 5 millones de seguidores en sus dos canales, son envidiables. Sin embargo para YouTube es un huésped incómodo. Se mantiene al filo de la navaja entre la conducta inaceptable y ofensiva y el ejercicio de la libertad de expresión.

Crowder estuvo un año sancionado por YouTube, debido a su conducta homofóbica contra otro youtuber, que generó cargos de acoso. Su lenguaje, considerado ofensivo, hizo que hasta los empleados de Google pidieran la suspensión de su cuenta.

En ese escenario, YouTube  le impidió tener anuncios en sus canales durante un año, que concluyó en agosto pasado, dijo Businessinsider. Lo increíble es que, al concluir la penalización, los anunciantes llegaron en masa. También la audiencia se multiplicó.

Al pan, pan y al vino, vino

¿Se identifica tanto el anunciante y el ciudadano de Estados Unidos con este hombre que hace comentarios racistas, clasistas y odia a los demócratas?

Su postura generó un intenso debate acerca de los términos que son aceptables para un youtuber. También hay quien lo defiende “por decir las cosas claramente”.

El mismo Crowder asegura que solo llama las cosas por su nombre, aunque eso pueda causar molestia. Agrega que disfruta la polémica y abordar temas que resultan incómodos a buena parte de las audiencias. En vez de perder seguidores por esa conducta, ganó casi un millón de suscriptores tras la sanción.

La flor y nata del conservadurismo

Su conflicto con YouTube ha convertido a Crowder en emblema de la libertad de expresión para algunos políticos republicanos como el senador Ted Cruz, de Texas. Cruz afirmó en una audiencia en el senado que Crowder es víctima del poder de mercado de Google, según Bloomberg.

Para devolver el favor, Crowder invitó a Cruz a su programa de YouTube para analizar en vivo el primer debate presidencial. El resultado fueron burlas para el candidato demócrata, Joe Biden, a quien le dijeron senil varias veces. Lo más increíble es que esa noche el programa tuvo una audiencia de más de 100,000 personas. La cifra supera la cobertura de YouTube de grandes empresas de información como NBC News, The Washington Post y The Guardian, por ejemplo.

El conservadurismo de Crowder es tal que hasta Donald Trump Jr. ha estado en entrevistas en sus canales de YouTube. Y de todos es sabido que no va a un sitio donde no se sienta como pez en el agua.

El acosado siente que hay complicidad con Crowder

Carlos Maza, quien fue el blanco de las críticas homofóbicas y racistas de Crowder durante largo tiempo y lo denunció por acoso, se siente insatisfecho con las medidas tomadas por YouTube.

“El odio funciona bien y aumenta los números de la compañía. Nunca ha tenido interés en hacer cumplir sus reglas y las usa únicamente para distraer a los periodistas”, dijo Maza, citado por Mashable.

A Maza le parece insuficiente la penalización de un año sin anunciantes. Pero YouTube se defiende y argumenta que Crowder ha bajado el tono y admitió su responsabilidad. Lo cierto del caso, es que en materia de redes sociales todavía falta mucho terreno por andar.

Existe una gran presión para que se evite la desinformación así como los discursos que caldeen los ánimos. La intolerancia, el racismo, el lenguaje ofensivo, deberían ser erradicados. Pero la otra cara de la moneda es la libertad de expresión en la cual se amparan quienes, como Crowder, argumentan que tienen derecho a decir lo que piensan en cualquier escenario.

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