En el marco de la 76ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), dos periodistas venezolanas fueron invitadas el miércoles a compartir sus experiencias sobre los premios “a la excelencia periodística” con los que fueron galardonadas.

El panel titulado ‘Periodismo y denuncia social’ tuvo como invitadas a Clavel Rangel y Valentina Oropeza; la primera ganó con Fosas del silencio (Correo del Caroní-La Vida de Nos) y la segunda con Tiempos de malaria en Venezuela (Prodavinci).

Rangel relató cómo inició su investigación a partir de la desaparición del fotógrafo Wilmer González en una mina en Delta Amacuro, Guayana, ubicada dentro del proyecto del Arco Minero del Orinoco.

“Este no es un territorio históricamente violento, sino que hemos visto aceleradamente en un periodo de cinco, máximo seis años cómo la violencia ha ido mutando en unos municipios que tradicionalmente eran de minería artesanal”, dijo.

Las minas de oro del sur de Venezuela, explicó Rangel, se han visto mayormente explotadas debido a “la hiperinflación” y esto ha derivado en “la desmonopolización de la violencia”, asumida entonces por grupos armados.

A raíz de la institucionalización de la actividad minera por parte del presidente en disputa Nicolás Maduro, “los venezolanos han ido buscando salir de la crisis humanitaria y el oro es una oportunidad económica”, señaló la comunicadora.

Rangel contó que trabajó en el perfil de Wilmer González durante un año y medio, pero desde entonces “Han pasado más de 11 masacres en esos territorios” y apunta que para la fecha de la investigación las desapariciones “eran 39, hoy día son 77 casos de desaparecidos”.

“Nos da una señal de cómo está operando el crimen organizado con la anuencia del estado, porque no hay búsqueda de desaparecidos, no hay mecanismos y protocolos”, concluyó.

Vigilancia «debilitada

Para Valentina Oropeza, llegar al final de sus siete video reportajes fue como una espiral, según narró en el encuentro.

Todo inició con la entrevista a un médico sobre “por qué nos convertimos en el primer país en eliminar la malaria en 1961 y ahora somos el mayor foco de transmisión en América”.

Oropeza explicó que con su investigación han concluido que la deforestación que generan los mineros hace que desaparezcan especies de animales que alimentan esa cadena, lo que consecuentemente motiva que “los mosquitos ataquen a los seres humanos”.

La periodista afirmó: “En Venezuela dejamos de saber cómo estaban nuestras estadísticas de enfermedades infecciosas en el año 2014-2015, cuando el Ministerio de Salud deja de publicar los boletines epidemiológicos”.

Oropeza concluyó que los especialistas consultados “piensan que hay un enorme subregistro, no solo porque probablemente las autoridades están interesadas en que no se sepa, sino porque realmente hay un sistema de vigilancia epidemiológica muy debilitado”.

Con información de Voz de América

MV

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