Las naciones europeas están extendiendo sus restricciones mucho más allá de la vida social, cerrando colegios, cancelando operaciones y reclutando a legiones de estudiantes de medicina mientras las desbordadas autoridades se enfrentan a la pesadilla de un rebrote del COVID-19 ahora que llega el invierno boreal.

Reuters

La mayoría de los gobiernos europeos alivió los cierres durante el verano para empezar a revivir unas economías que se dirigían a recesiones y pérdidas de empleo sin precedentes por la primera ola de la pandemia.

No obstante, el retorno de la actividad normal -desde restaurantes atestados a nuevos cursos universitarios- alimentó un alza rápidamente creciente de casos en todo el continente.

Bares y pubs fueron algunos de los primeros en cerrar o enfrentarse a cierres adelantados en las nuevas restricciones, pero el aumento de las tasas de infección está poniendo ahora a prueba también la resolución de los gobiernos de mantener los colegios y la atención médica ajena al COVID.

La República Checa, que tiene la peor tasa per cápita de Europa, ha optado por la educación a distancia y pretende reclutar a miles de estudiantes de medicina. Los hospitales están suspendiendo los procedimientos médicos no urgentes para liberar camas.

“A veces estamos al borde del llanto”, dijo Lenka Krejcova, una enfermera jefe del hospital Slany, cerca de Praga, mientras unos albañiles se apresuraban a convertir una guardia general en un departamento para el COVID-19.

Polonia está acelerando la formación de enfermeras y evaluando la creación de hospitales militares de campaña, Moscú pasará a muchos estudiantes a la educación en línea e Irlanda del Norte cerrará sus escuelas dos semanas.

“No tengo buena información. Estamos al borde del desastre”, dijo el inmunólogo Pawel Grzesiowski en Polonia, que reportó un récord de 6.526 infecciones y 116 muertes el miércoles.

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Glaudimar Hurtado Flores

Glaudimar Hurtado Flores

Periodista.