El Premio Nobel de Economía de 2020, será entregado a los estadounidenses Paul Milgrom y Robert Wilson, por la teoría sobre la optimización de subastas, utilizada en la asignación de frecuencias de telecomunicaciones.

El “premio del Banco de Suecia en ciencias económicas en memoria de Alfred Nobel” se les otorgó por “mejorar la teoría de las subastas e inventar nuevos formatos de subasta”, dijo el jurado de la Academia Sueca de Ciencias.

Ambos economistas fueron favoritos para alzarse con el galardón concedido por la Real Academia de las Ciencias Sueca. Este galardón es el último de los Premios Nobel anunciado y será entregado, como los demás, el próximo 10 de diciembre.

“No solo han clarificado cómo funcionan las subastas y por qué los que hacen una oferta se comportan de cierta manera, sino que han utilizado sus descubrimientos teóricos para inventar nuevos formatos de subasta totalmente nuevos para la venta de bienes y servicios”, se expone desde la entidad.

Tanto Milgrom como Wilson son académicos en la Universidad de Stanford, viven en la misma calle y han trabajado juntos. Sus nombres sonaban desde hace años, pero no estaban en las quinielas más recientes. Con su nombramiento, todos los premiados con el premio Nobel han sido ciudadanos estadounidenses.

Durante la ceremonia, la academia sueca contactó en en directo a Robert Wilson, de 83 años, cuando eran las tres de la mañana y admitieron que no cogía el teléfono. Cuando contestó, el profesor estaba visiblemente emocionado y algo confundido. “La verdad es que no participo mucho en las subastas. Lo último que conseguí fueron unas botas de esquí en eBay”, confesó.

Se estima que las subastas ya tenían lugar hace 2.500 años en la civilización babilonicense. Hoy están en todas partes, sostiene la academia sueca. El modelo de Milgrom y Wilson se perfeccionó en 1994, antes de la llegada de internet. Pero su aplicación ha adquirido validez e importancia precisamente con la red. Cuando uno abre el ordenador y accede a un buscador, los anunciantes ocupan el espacio gracias a una subasta. Cuando se paga la factura de la luz, también el precio es resultado de una pugna.

“Para entender el trabajo de Wilson y Milgrom, consideremos un vaso transparente lleno de monedas. Para hacerse con el recipiente, habrá que saber cuál es el precio razonable a pagar y para esto habrá que saber cuántas monedas hay en su interior”, indican los expertos del Comité.

Una de las aportaciones de estos Nobel reside precisamente en la distinción entre el valor privado del bien subastado y el valor común. Ambos componentes tienen su importancia e influyen en e mecanismo. De hecho la actual estructura económica hace que el sistema de las subastas sea de gran actualidad, pensemos en la asignación de unas radiofrecuencias en un determinado territorio o en la asignación de las cuotas de emisión de CO2, un tema que el mismo Wilson consideró que va a ser crucial en los próximos años.

Irene Montero Bolívar

Irene Montero Bolívar

Periodista. Diseño gráfico. Marketing