Abundan criterios, informaciones falsas y veraces sobre las próximas elecciones estadounidenses y cada quien, afuera y adentro, arrima la brasa a su sardina. Eso resulta sano y provechoso si se sabe que con sus defectos, cada día más complejos y notorios, la democracia de los Estados Unidos de Norteamérica persiste como un modelo por más de dos siglos. Admirada y copiada por los héroes independentistas hispanoamericanos. Una dificilísima solidez cuya base se sustenta en su Constitución que consagra el Estado de Derecho en el estricto respeto a las instituciones clásicas de la libertad política: poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial independientes que se vigilan para evitar el presidencialismo caudillista, el parlamentarismo mercenario y el judicialismo vengador. Varias crisis por motivos racistas, ideológicos o individuales psicopáticos, de modo cíclico han intentado romper su profunda raíz legal. Pero las graves heridas sobre esa piedra angular solo han logrado fortalecerla.

¿Qué pasa hoy? Esas virtudes y ventajas que otorga el capitalismo entre otras con su justa justicia y el libre mercado (salvaje en ocasiones transgresoras) de la boca para afuera tan odiado por los fascio-revolucionarios, permite que fuera refugio para innumerables inmigrantes de todas las etnias, credos y nacionalidades, legales o no, bandidos militaristas y humildes perseguidos, populistas a la diestra y a la siniestra pero también  de enemigos destructores infiltrados en los tradicionales partidos, el conservador republicano y el demócrata liberal, para minar sus bases. Así, el republicanismo conservador envejece sin renovar su liderazgo acorde con las nuevas exigencias internacionales  y locales, y termina delegando su potencia electoral en Donald Trump, empresario millonario, eficaz en el manejo de medios televisivos, sin formación, experiencia ni militancia políticas, para que acceda a sus filas hasta alcanzar la presidencia del país. Esa anexión involucra al peligroso grupo de supremacistas blancos. A su vez, los social-demócratas, algunos también muy libertinos y corruptos, junto a serios tradicionales, repiten errores evidentes sin medir consecuencias, hoy presionados por minorías también radicales a las que no pueden marginar en plena campaña electoral. Por eso los califican de entes “socialistas”, sinónimo de comunistas en una sociedad mayormente ignorante o indiferente en materia de información elemental sobre la historia de los partidos políticos gestados durante el siglo XX en buena parte del planeta civilizado. Su mundo, para muchos, radica en las cuatro paredes limítrofes de su vasto territorio.

Y lo peor. Que tamañas lacras, confusiones y mentiras dañen a fondo a la propia ex-Venezuela en su intento de revertir el proceso fasciomilitarista del criminal castrochavismo para restituir a la perfectible venedemocracia. Y son fichas irresponsables, nada inocentes, que repiten complicitadas los clichés foráneos implantados  por minorías de todos los signos: el neosoviético del zar Putin, el ultraderechismo racista del estadounidense Ku Klux Klan, el estatal neocapitalismo comunista chino, las tiranías teocráticas iraní, turca y sus filiales. Con la castrista, castrense y castradora Cuba como centro neurálgico de esa cruel, planificada y aniquiladora maniobra delincuencial que se extiende más  allá del hemisferio occidental, léase por ahora, en la España del PSOE sanchista y sus Podemos.

Es un laberinto.Y será líder auténtico quien sepa dirigir hacia hacia la segura salida. Por eso es imprescindible, querer y esperar que una vez más resista firme la constitucional democracia de los USA con sus enmiendas hechas y por hacer, nación judicializada donde nadie está por encima ni por debajo de la ley. Para su propia salvación y beneficio del continente todo, que en ese exclusivo sentido y sin complejos seudosoberanos, se torne definitivamente en imitador pitiyanqui…  pues Churchillmente hablando, hasta hoy no se ha inventado un sistema mejor…

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Benito Zambrano

Editor Jefe de Extra Venezuela