Uno de sus poemas, “Japonica” (grupo de mariposas), recuerda al lector el refinado arte de los pintores japoneses: “Los árboles florecen/en la colina. /Llevan/grandes flores solitarias,/ japónicas.”

En entrevista con una revista de poesía estadounidense en 2006, negó ser especialista en motivos florales: “He tenido muchas consultas sobre la horticultura, pero no soy horticultora”.

En 1992, publicó “The Wild Iris” (Iris salvaje), que despliega todo un jardín y le valió el premio Pulitzer, uno de los más prestigiosos del mundo.

“Los poemas no perduran como objetos, sino como presencias. Cuando lees algo que merece recordarse, liberas una voz humana: devuelves al mundo un espíritu compañero. Leo poemas para escuchar esa voz. Escribo, para hablarles a quienes he escuchado”, dijo Glück en el ensayo “Proofs and Theories” (Pruebas y Teorías), que obtuvo el premio PEN/Martha Albrand.

Su poesía es muy accesible. No necesita un aparato explicativo crítico, y el inglés de Louise Glück puede leerse sin demasiada dificultad.

Adepta de la simplicidad, cita como primeras influencias de juventud a poetas conocidos por su claridad de expresión, William Butler Yeats (Premio Nobel 1923) y T.S. Eliot (Premio Nobel 1948).

Además de la naturaleza, su gran fuente de inspiración es su infancia.

“Era una niña solitaria. Mis interacciones con el mundo eran poco naturales, forzadas. Era más feliz leyendo. Bueno, no todo fue así de sublime, vi mucha televisión y también comí mucho”, cuenta.

Su ascendencia germánica proviene de sus abuelos judíos de Hungría que emigraron a Estados Unidos a principios del siglo XX. Nació en Nueva York en 1943, en una familia que la animó a expresar su creatividad.

Una de sus heroínas de infancia fue Juana de Arco, a quien dedicó un breve poema en 1975. “Y ahora las voces responden que debo convertirme en fuego, según el plan de Dios”.

Su adolescencia fue difícil, sufrió de anorexia. Uno de sus traumas es la pérdida de una hermana mayor, que murió poco después de nacer.

“Mi hermana pasó toda una vida en la tierra./Nació, murió./Mientras tanto,/ni una mirada despierta, ni una frase,” dice en “Lost Love” (“Amor perdido”, 1990).

Tras abandonar los estudios, se casó y luego se divorció rápidamente. La poetisa comenzó a revelarse a través de su primera antología en 1968, “Firstborn” (Primogénita). Con un segundo matrimonio, encontró más estabilidad.

“A lo largo de la obra poética de Glück, muchas de las figuras centrales de sus poemas son femeninas (…) ya sea una mujer joven a menudo descrita como la hija de alguien, o una madre”, escribe la investigadora en literatura Allison Cooke.

“La joven mujer en la poesía de Glück encaja en el discurso feminista sobre ‘lo que significa ser mujer’”, añade Cooke.

En más de 50 años, ha publicado 13 antologías. La última, en 2014, se titula “Faithful and Virtuous Night” (Noche fiel y virtuosa).

Siete de las obras de Glück han sido traducidas al español, todas por la editorial independiente española Pre-Textos. Su último libro, “A village life” (Una vida de pueblo), publicado en mayo pasado, fue traducido por el venezolano Adalber Salas.

Salas lo ha descrito como “un volumen de poesía excepcional e inesperadamente necesario dadas las nuevas circunstancias que nos rodean, este mundo extraño que nos vemos forzados a habitar” debido a la pandemia.

“Delicadeza (…) y crudeza tierna son quizás las dos de las marcas más memorables del estilo de Louise Glück”, reflexionó Salas al presentar el libro en un video difundido por Pre-Textos en su cuenta de Twitter.

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