(10 de octubree del 2020. El Venezolano).- El pasado 26 de Setiembre, en el restaurat Versalles de la calle 8, Dora Amador, que es una persona decente, opositora a Castro desde las páginas del Nuevo Herald, y muy respetada, recibió un acto de repudio. El acto de repudio fue creación de Fidel Castro y consistía en lanzar una jauría de incondicionales contra algún opositor o, simplemente, contra algún cubano que deseaba abandonar la Isla.

El pecado de Dora fue reclamarle a un señor cuando este pretendía cometer una violación electoral que consistía en obligar a terceros a votar por Trump.

Ese fue el disparador. Decenas de comensales comenzaron a gritarle, a amenazarla y a insultarla. La llamaban comunista, estúpida, vete para Cuba. Todo terminó con un coro de !Trump, Trump, Trump! Para Dora debió ser un flashback de la Habana.

Pero lo triste es que no pasó en la Habana. Y los gritos no fueron: !Fidel, Fidel, Fidel!. La cobardía de agredir a una persona mayor, por suponer que no compartía el fanatismo hacia Trump, es algo muy común en aquellos que están a favor de Fidel o a favor de Chávez.

Ahora, con las elecciones de los Estados Unidos, como si no tuvieramos suficientes problemas, surge la pelea entre cubanos y venezolanos trumpistas y anti trompistas.

Uno de los problemas más graves que han tenido los grupos que combaten al fidelismo o al chavismo es la división. No hemos podido estar sólidamente unidos, con una estrategia consistente, como paso previo a la derrota de las dos tiranías que destrozan a nuestros paises.

Uno de los mayores logros de Guaido, como presidente de Venezuela, debe ser la unidad. El apoyo de Trump es importante, pero más importante es presentarnos ante los paises del mundo como un solo cuerpo. Es triste llegar al presidente de Perú, de Brasil, como representante de la oposición al gobierno de Maduro y que nos pregunten con cierta sorna,

¿cuál de las oposiciones?

El liderazgo implica unir voluntades hacia un fin común. Guaidó debe hacer esto. Unir. Como Bolivar lo hizo. Que no nos vengan a decir que convencer a Paez fue más fácil que convencer a María Corina, o a Felipe Mujica.

Y nosotros, desde nuestro pedacito de responsabilidad, debemos comenzar a realizar esta tarea. Convencer al amigo, al que no piensa igual, que debemos actuar como un solo frente.

Por favor, no aumentemos la división con la elección Norteamericana. Si no somos capaces de hablar y no pelear, entonces el mal está en nosotros, no en Guaido, ni en María Corina.

Que el momento desagradable que le tocó pasar a Dora Amador sirva para algo bueno, para que cubanos y venezolanos piensen con seriedad que no merece la pena crear una división más. O lo hacemos en serio, o estamos todos locos.

Maria Casillas de León

Maria Casillas de León

Periodista. Marketing de ideas