Cuando Hugo Chávez llegó al poder en 1999, el dólar cotizaba a 599 bolívares. No eran los mejores tiempos de la moneda, muy fuerte durante los 80. Incluso leyendas urbanas aseguraban que llegó a valer más que el billete verde americano. Hasta 1983 se había mantenido a 4,30 bolívares por dólar.

Transcurridos casi 22 años de búsqueda de la patria nueva, el rumbo revolucionario terminó directamente en el infierno financiero. Las cifras explican sin adjetivos la magnitud de la tragedia venezolana: un dólar cuesta actualmente en el mercado oficial 45 billones de los bolívares de entonces. En el mercado paralelo, por obra y gracia de la dolarización de facto que sufre el país y con el cambio a 485.000, la cifra se elevaría hasta los 48,5 billones de los viejos bolívares.

El cálculo es del economista Pedro Palma, quien en su libro La política cambiaria de Venezuela. Más de 100 años de historia relató el viaje a los infiernos de la moneda venezolana. Cuando hace tres meses publicó su estudio, el precio del dólar había aumentado alrededor de 40.000 millones de veces.

“Todo esto ha sucedido porque hemos sufrido un proceso inflacionario desbocado desde 2017”, acotó entonces, reseñando una serie de factores fundamentales, como “una expansión de oferta monetaria monumental”.

“El bolívar prácticamente ha desaparecido como moneda en Venezuela en el sentido de que no hay ahorros en bolívares en Venezuela. Las cuentas de ahorro a plazo fijo cuando llegó Chávez eran de 40% y ahora están entre 2% y 3%, porque la gente no está ahorrando en la moneda venezolana”, comentó a La Nación el diputado José Guerra, el principal experto económico del Parlamento.

La tragedia comenzó a abonarse desde los primeros tiempos de la revolución. El “comandante supremo” aguantó la moneda hasta 2002, cuando las convulsiones políticas dispararon el dólar por encima de los mil bolívares. Ya en 2003, Chávez decretó el control cambiario, uno de los primeros hitos históricos del modelo chavista. Primero a través de Cadivi, más tardes mediante el Cencoex. El dólar siguió subiendo de forma paulatina hasta duplicarse en el mercado negro, lo que Chávez aprovecha para ordenar la primera reconversión monetaria de 2008: de bolívar a bolívar fuerte perdiendo tres ceros.

– El declive continúa –

Son los tiempos de la bonanza petrolera y de una convivencia entre el dólar oficial intervenido y el dólar negro. Todo cambia en 2012: “Cuando se produce el hito más importante: el financiamiento del déficit fiscal con impresión de dinero que ha hecho el Banco Central. La maquinita de hacer dinero es la que ha causado la pulverización del bolívar”, precisa Guerra.

La maniobra revolucionaria coincide con las elecciones presidenciales de 2012, con Chávez afectado por el cáncer y un Henrique Capriles en ascenso. El excandidato opositor recuerda hoy todavía cómo en aquella campaña cada vez que llegaba a los barrios populares la gente aparecía ofreciéndole un whisky, muchas veces escocés.

Para ganar esas elecciones, el Chávez moribundo exprimió la economía al límite, elevando el gasto público a 45% del PIB. Las importaciones costaron ese año 70.000 millones de dólares, una cifra astronómica.

La recesión comenzó al año siguiente ya con Maduro instalado en el Palacio de Miraflores. Era imposible sostener tal nivel de gasto. En 2014, la caída del precio del petróleo precipitó la debacle luego de la cosecha de los años previos. El modelo bolivariano hacía aguas por todos lados.

La extravagancia cambiaria llevó a Maduro a imponer tres tipos de cambio oficiales, más el dólar paralelo. Así a 6,30 bolívares por billete verde para los bienes esenciales, 11,30 para los no esenciales y a 64 para los viajeros. El dólar informal, perseguido pero cada día más robusto, superó la barrera de los 1.000 bolívares por dólar en enero de 2016.

– Ajuste brutal –

Es entonces cuando se produce un ajuste económico brutal, con la reducción al mínimo de la importación de alimentos y medicinas, nunca antes vista en la historia, de acuerdo con el economista Ricardo Hausman.

“La hiperinflación estalló en octubre de 2017, ahí prácticamente el bolívar dejó de existir como moneda para reserva de valores, la gente prácticamente no la quería. Es entonces cuando en agosto de 2018 el gobierno de Maduro le quitó cinco ceros al bolívar”, confirma Guerra. Nacía así el actual bolívar soberano.

El dólar paralelo se ajustó pero siguió creciendo a su ritmo, cuando coquetea con la barrera de los 500.000 bolívares soberanos por billete americano, pulverizando salarios mínimos y pensiones de 400.000 bolívares mensuales.

La caída es tan veloz que el nuevo billete de máxima denominación de 100.000 bolívares (el mayor actualmente es de 20.000), a punto de emitirse, ya está envejecido antes de nacer. Su valor estará en torno a los 20 centavos de dólar, cuando la Venezuela de hoy padece precios caros y dolarizados.

“Carece de sentido”, afirma Guerra.