La presión aumentó este miércoles en torno al presidente de Kirguistán, Sooronbay Jeenbekov, después de la renuncia de su primer ministro, la anulación del resultado de las legislativas que pensaba haber ganado y la puesta en libertad de la cárcel de su principal rival.

Desde hace tres días, este país montañoso de Asia central se ha visto sacudido por un movimiento de protesta que denuncia fraudes en los comicios legislativos del domingo, lo que hace temer un aumento de la violencia en este Estado, ya marcado por dos revoluciones en 2005 y 2010.

El mandatario kirguís acusó a sus opositores de quererse amparar del poder ilegalmente, y aseguró que el país estaba bajo control. El miércoles, en un comunicado, llamó a la oposición a “volver a la legalidad”,

Por su parte, el presidente ruso, Vladimir Putin, dijo esperar una resolución “pacífica” de la crisis. Jeenbekov está cerca de Rusia, como lo estaba su predecesor.

El martes por la noche, cientos de personas volvieron a congregarse en el centro de Biskek, la capital, sobre todo delante del hotel donde se había designado a un nuevo primer ministro, tras la dimisión del anterior, en una jornada caótica.

Durante esta manifestación, estallaron breves altercados, según un periodista de la AFP en el lugar.

Encarcelado desde 2017, Sadyr Japarov, político nacionalista y detractor del presidente Sooronbai Jeenbekov, fue liberado de la cárcel por los manifestantes y nombrado el martes jefe de gobierno en una reunión extraordinaria del Parlamento en dicho hotel.

Pero este nombramiento ya fue criticado por un “consejo de coordinación”, creado por varios líderes de partidos de la oposición que no accedieron al Parlamento en las elecciones legislativas del domingo.

Las autoridades anularon el martes los resultados de estas elecciones, pero esto no bastó para calmar el movimiento de protestas.

El martes, Sadyr Japarov dijo que tenía previsto apoyar una nueva Constitución y que “en dos o tres meses” se celebrarían nuevas elecciones parlamentarias.

Otra amenaza que pesa sobre el presidente Jeenbekov, en el poder desde 2017, es su gran rival y antiguo mentor, Almazbek Atambayev, presidente de 2011 a 2017, y también liberado de la cárcel el lunes por sus partidarios.

– Miedo en el sur –

El edifico del Parlamento y de la presidencia en Biskek seguía el miércoles en manos de los manifestantes, después de haber sido ocupado y en parte saqueado por grupos de las protestas.

Varios voluntarios patrullaban en la noche del martes en la capital para evitar saqueos en los comercios.

El miércoles, los manifestantes intentaron ocupar la sede de la empresa canadiense que controla la principal mina de oro del país, que produce cerca de 10% del PIB del país.

En Osh, la segunda ciudad del país, en el sur, se teme que estallen altercados. En esta ciudad, hubo cientos de muertos en 2010 debido a la violencia étnica contra la minoría uzbeka.

El exalcalde de la localidad, en funciones durante estos enfrentamientos, volvió a la ciudad el martes por la noche y podría reemplazar al edil de la ciudad, que dimitió.

Estas protestas recuerdan a las de 2010 y 2015, que derrocaron a las autoridades, acusadas de corrupción y concentración de poder, y que estuvieron salpicadas de saqueos.

El controvertido resultado de las legislativas, en las que triunfaron los partidos favorables al presidente, llevó a que miles de opositores al gobierno salieran a las calles en Biskek, reclamando la dimisión del mandatario y nuevos comicios. Estos enfrentamientos con la policía causaron al menos un muerto y 686 heridos

AFP

Johanny Bermudez Castro

Johanny Bermudez Castro

Periodista viviendo en los EE.UU.