Mi nana hacía todo con la radio encendida, por eso escuché radionovelas antes de saber qué estaba escuchando, y recuerdo una que se llamó así, “La llanerita”, probablemente con el talentoso Arquímedes Rivero como protagonista, pero no pude confirmarlo. La noche de este jueves 24 de septiembre hubo un revuelo en las redes locales porque lamentablemente falleció una tuitera que se identificaba con ese mote, y quien además de compartir fotos propias y de su perrito, mantenía un relato romántico con otro tuitero @ConotoLlanero, un médico que Instagram se identifica como Carlos Javier Villanueva, cursante del posgrado en cirugía plástica, reconstructiva, estética y maxilofacial. 

Ser tendencia la noche del Miss Venezuela

Ignoro cómo se hicieron tendencia el mote (La llanerita), el nombre de la cuenta (@Maghero) y el nombre de la persona (Mariangel Hernández), pero como siempre ocurre en este país sin televisión ni prensa, lo que sea tendencia atrae a la mayoría a averiguar al menos por qué otras personas están hablando de eso. Probablemente el terrible ejercicio del Miss Venezuela en un estudio de televisión adornado con fieltro e iluminado con luces de celulares, haya mantenido en redes a más personas a esa hora de la noche y en consecuencia, la atención que logró el drama fue mayor. Los tuits de la fallecida no eran los populares, sino los de su novio, quien a pesar de su dolor, preparó un hilo para despedirse.

Despedida con emojis

Previo al hilo, Carlos Javier publicó un tuit preguntándole a su TL si alguien tenía el número de teléfono de alguno de los familiares de su novia, y acusó: “Estoy en Maracay y no la consigo en ningún hospital. No atiende el teléfono desde anoche a las 7pm.”. Pero, el que puede considerarse el último tuit de Mariangel, lo publicó a las 4:00 p.m. del jueves, pocas horas antes de su muerte, ¿cómo alguien con un cuadro grave de coronavirus pudo tuitear?, o más bien, ¿por qué tuiteó sus gracias y respondió a otras personas pero no le avisó a su novio dónde estaba? Carlos Javier abrió su hilo de despedida afirmando que Mariangel ahora está en el cielo, y que él acudía a Twitter porque allí la conoció. Entre muchos emojis agradeció sus cuatro meses mágicos de relación, así como los poemas, los joropos que bailaron (¿?), su voz, sus rabietas y sermones, su espera y su paciencia, entre otras cosas. Afirmó que la mantendría presente, pidió a Dios ayudarle a entender su voluntad y le pidió a ella que lo cuidara. Muchas personas reaccionamos a sus mensajes aún ignorando la identidad de los protagonistas. Carlos Javier debió recibir toneladas de mensajes afectuosos, porque el COVID-19 nos tiene tensos, porque la muerte de una persona joven es terrible, y porque un amor que termina así, es más terrible aún. Este viernes el doctor le tuiteó a la fallecida rememorando datos, quizás en un ejercicio para drenar dolor con su audiencia.

Mientras tanto, en Twitterzuela

Tantos mensajes recibió Carlos Javier que “La llanerita, @Maghero y Mariangel Hernández” se mantuvieron como tendencias en Venezuela, y así apareció el Sherlock Holmes de este entuerto: el abogado (según reza en su pequeña biografía) Edgardo Meza, amigo desde la infancia de Mariangel Hernández. Presumo que sin entender la dimensión del lío emotivo (Llanerita+Conoto), vio el nombre de su amiga en las tendencias y le escribió para saber si efectivamente se trataba de ella. Edgardo hizo capturas de pantalla de su conversación con Mariangel donde ella afirma que está bien y le da los dos datos que rompieron el drama y abrieron las puertas del infierno de Dante: que quien murió fue su sobrina, con el mismo nombre que ella y muy parecida a ella físicamente, y que su sobrina intercalaba fotos de ambas. Añadió que lamentablemente han perdido dos familiares en una semana por el coronavirus.

Edgardo le pidió a (tía) Mariangel que aclarara su rol para que otros conocidos no pasaran por el susto que él pasó. Pero tal revuelo causaron los tuits de Edgardo con las capturas de pantalla, que cruzó la raya de lo permisible, y para probar quién es la tía incluyó en otro tuit capturas de pantalla con fotos de ella en Facebook. La respuesta de (tía) Mariangel, al margen del lío de identidades con su sobrina, fue sensata: “Edgardo te pido por favor que ya no te metas. Respeta su memoria y respétame a mí. No te pedí que intervinieras. Es un abuso de tu parte. Mi sobrina era una joven muy respetada, por favor (…) No te pedí aclarar nada, mi sobrina partió”. 

Para enredar aún más el papagayo

Hubo gente que reaccionó a los mensajes de Edgardo asumiendo toda la narración entre Mariangel y Carlos Javier como una estafa, porque es imposible mantener un romance con alguien a quien no conoces, y la verdad, hubo más conclusiones que hipótesis, gente temiendo que se tratara de un “catfish” (cuando una persona finge ser otra en las redes sociales para engañar, por diversión o para hacer fraudes), gente más audaz que cree que el ejercicio de catfishing quería acabar en un «ghosting» (desaparecer de la vida de una persona sin explicarle por qué ni responder a sus mensajes), es decir, que tía y sobrina son la misma persona y la tía ejerció ambos roles y quería terminar el romance digital; gente afirmando que lo único que querían (tía y doctor) era aumentar su visibilidad y su cantidad de seguidores, incluso gente que avisó que estaba borrando sus mensajes de solidaridad con Carlos Javier, porque es imposible que se asumiera el novio de Mariangel sin conocerla, sin distinguir sus fotos de las de su tía, y que sólo tuviera el número de teléfono de ella.

Para enredar aún más el papagayo, desde la cuenta de Mariangel (al mismo estilo del famoso “Hola, es Lilian”), escribió alguien que se identificó como José A. Hernández, hermano mayor de la fallecida, quien explicó que ella era asmática y por eso el virus obró más rápido; describió las virtudes de su hermana y agradeció los mensajes de apoyo, pero, quien administra la cuenta @Maghero, también decidió bloquear a los usuarios que escribieron mensajes peyorativos, y eso multiplicó las alarmas de quienes ya tenían conclusiones sobre el extraño caso.

¿Por qué la reacción común fue la rabia?

Creo que porque somos un gentilicio herido desde muchas perspectivas, porque estamos muy dispersos, y sin duda, porque el encierro que ha demandado la pandemia nos tiene alterados a todos, independientemente de la nacionalidad. Los venezolanos nos estamos encontrando en las redes sociales porque nos redujeron los espacios democráticos y porque nuestros afectos están ahora en países distintos. Si nos tocan la tecla de la confianza, igual para la solidaridad automática que para la denuncia política, el comportamiento de manada suele ser bastante agresivo como ya comprobamos con la historia del no-poeta y la indignación colectiva que levantó lo que decidí llamar “el orgullo que no fue”. 

El cierre de este idilio tal vez sea el duelo que no fue. En todo caso, ya la cuenta de Mariangel fue cerrada, hay testimonios a favor del novio (llamando fariseos a quienes no creen en él), respaldos por ser un buen profesional y llamados de respeto a su dolor.

Ahora debo resumir lo que pasó en el país.

Blog de Naky Soto

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