Un hospital de Miami va a ser el primero en realizar pruebas con humanos para determinar si un medicamento de hace medio siglo usado para el vértigo y los mareos puede «reducir la estadía hospitalaria, la mortalidad y el daño pulmonar» de los pacientes de COVID-19, según afirma a Efe Christopher Moreau, director ejecutivo de la canadiense Algernon Pharmaceuticals.

El fármaco, el Ifenprodil (NP-120), fue identificado este año por la Universidad de Texas en Dallas (UT Dallas) como un posible tratamiento eficaz del nuevo coronavirus y «puede incluso revertir la enfermedad», afirmó Moreau.

Está píldora comenzará a suministrarse en el Hospital General de Westchester de Miami, el primero en cinco ciudades de Estados Unidos en probarla tras las aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), explicó Moreau.

«La diversidad étnica es muy útil en los ensayos en humanos, especialmente en un estudio de Fase 3, que es la fase de aprobación previa a la comercialización», indicó el ejecutivo.

Subrayó que esos datos recopilados en la multicultural Miami «serán útiles para poder confirmar que el tratamiento tiene un efecto de amplia difusión en la población».

«Tenemos la esperanza de que veremos una reducción significativa en la tasa de mortalidad, el tiempo de ingreso en el hospital y una reducción del daño pulmonar causado por la infección» , dijo.

«También tenemos la esperanza de que el medicamento reduzca los efectos graves de la tos, que es otro factor en los pacientes con la COVID-19», precisó el ejecutivo de Algernon Pharmaceuticals.

Esta compañía canadiense se concentra en la reutilización de medicamentos; investiga fármacos seguros y ya aprobados para aplicaciones en nuevas enfermedades.

Si cura gripe fatal, cura la Covid-19

Moreau manifestó además que se han encontrado «resultados muy prometedores» del Ifenprodil contra la gripe aviar H5N1, «la gripe más letal del mundo», en un estudio independiente realizado por un grupo de científicos chinos con ratones infectados.

Recordó que la H5N1 tiene una tasa de mortalidad de más del 55 %, mientras que la COVID-19 es del 1 % al 3 %.

«Los resultados fueron muy convincentes, con Ifenprodil reduciendo la mortalidad en un 40 %, y reduciendo la lesión pulmonar aguda y la inflamación en el tejido pulmonar».

En ese sentido, dijo que «si Ifenprodil estaba funcionando tan bien con la gripe aviar más letal del mundo, tal vez podamos ver un resultado similar en el COVID-19 (que es) menos letal».

El Ifenprodil fue desarrollado originalmente por la francesa Sanofi a principios de la década de los años 70 como un tratamiento para la «claudicación intermitente», un trastorno de circulación sanguínea.

Sin embargo, dijo Moreau, terminó siendo aprobada en Japón y Corea del Sur como fármaco neurológico para tratar el mareo y el vértigo, pero «basado en su mecanismo de acción», Algernon determinó que puede tratar también «enfermedades graves del pulmón».

Ahora, la canadiense ha presentado nuevos derechos de propiedad intelectual a nivel mundial para NP-120 (Ifenprodil) para el tratamiento de enfermedades respiratorias y está trabajando para desarrollar una fórmula inyectable y de liberación lenta.

El ejecutivo dijo que Algernon está en una «carrera con varios caballos», porque también investigan el Ifenprodil para otra enfermedad grave del pulmón llamada fibrosis pulmonar idiopática (FPI) y también tos crónica.

«Así que tenemos dos ensayos clínicos de fase 2 con tres indicaciones de enfermedades», precisó.

Las vacunas requieren tiempo

Moreau por otro lado expresó preocupación por un desarrollo apresurado de vacunas contra la COVID-19, una enfermedad que solo en Estados Unidos ha ocasionado la muerte de más 163.000 personas y contagiado a más de 5 millones.

«Si van a desarrollar algo que se le dará a miles de millones de personas, es mejor que sepan lo que hacen y eso lleva tiempo», subrayó.

Hizo alusión a las palabras del director ejecutivo de Merck, Kenneth Frazier, quien describió que sólo se han desarrollado siete vacunas «verdaderamente nuevas» en los últimos 25 años.

Además, dijo que ya hay un problema con la gente renuente a usar mascarillas y opinó que mucho menos querrán una vacuna, especialmente, alguna que se haya apresurado.

«La naturaleza humana es encontrar una solución rápida que elimine un problema; sin embargo, podemos enfrentarnos a tener que aceptar un enfoque diferente, como el VIH, que se trata con un cóctel de medicamentos», precisó.

Manifestó que mientras el mundo trabaja en una vacuna, también debemos buscar una posible respuesta terapéutica como el Ifenprodil y otras que pueden terminar siendo combinatorias con otros tratamientos.

Moreau expresó además que hay «mucho que aprender» del patógeno, especialmente sobre cómo funciona la inmunidad «ya sea a corto o largo plazo» o si el nuevo coronavirus mutará como la gripe.

La COVID-19 dejó ver «lo poco preparados que estábamos para una pandemia, a pesar de los años de advertencias de los expertos en salud mundial», subrayó. EFE