Tiempo y Bienestar #Opinión #AbsalónMéndez

Diario La Razón / Caracas 1 agosto, 2020

¿Qué es el tiempo? Conceptualmente resulta difícil responder esta pregunta, motivo por el cual se acude siempre a lo que podemos llamar definiciones prácticas y operativas. El tiempo como abstracción es complejo. Cada sociedad antigua o actual tiene nociones particulares sobre el tiempo.

El tiempo y su medición son creaciones humanas que responden a circunstancias de vida de los seres humanos. El tiempo es constante, permanente, lo variable es la medición del tiempo.

El tiempo no pasa. Pasamos por el tiempo. La forma de medir el tiempo ha variado según determinados momentos históricos desde el origen del hombre hasta nuestros días. El tiempo, sus condiciones y su medición son utilizados para distintos fines o propósitos. Ellos van desde guías para orientar los cultivos hasta la determinación de plazos o lapsos para el cumplimiento de las obligaciones, pasando por el uso del tiempo en la navegación marítima, fluvial y aérea y la planificación de todo tipo de actividades.

La incorporación de la variable tiempo como elemento determinante en las concepciones del bienestar individual y social nos ha sorprendido positivamente. En investigaciones sobre el tema habíamos indagado o, mejor, procurado establecer una relación entre la satisfacción de las necesidades y el esfuerzo de la persona para lograr esa satisfacción. Por ejemplo, satisfacer la necesidad de vivienda, supone para una persona, muchas veces, trabajar en exceso para cubrir el monto de la cuota del crédito otorgado para adquirir la vivienda, además, de los gastos por concepto de servicios, condominios, impuestos, etc. En ocasiones, los gastos de vivienda consumen más del 50% del ingreso familiar, lo que deja muy pocos ingresos para atender otras necesidades, de suerte que se tiene satisfecha la necesidad de vivienda a expensas de dejar insatisfechas otras necesidades, para cuya satisfacción la persona dispone de mayor discrecionalidad. Este asunto, que, para muchos puede parecer banal, es sumamente interesante en el momento de pensar en la medición del bienestar.

El bienestar, entendido, simplemente, como estar bien, tiene dos grandes dimensiones. Una objetiva, material; y, otra, subjetiva, espiritual, que suele asociarse con la idea de felicidad. Un refrán popular es especialmente gráfico para dar cuenta de estas dos dimensiones del bienestar: “amor con hambre no dura”. En efecto, la dimensión subjetiva del bienestar debe estar sustentada en la dimensión objetiva del bienestar.

En Ecuador, se ha creado un índice para medir el bienestar, que, a diferencia de todos los sistemas de indicadores sociales conocidos, incorpora la variable tiempo, como elemento fundamental para dar cuenta del bienestar de una persona y, por derivación, de un colectivo de personas: el “índice de vida saludable y bien vivida (IVSBV).

Este índice, a decir, de Hans-Jürgen Burchardt, en artículo publicado en la Revista Nueva Sociedad, N° 273, enero-febrero 2018, bajo el título: “Bienestar del tiempo: respuesta latinoamericana frente a la crisis socioecológica”, “(… sintetiza los conceptos de la filosofía aristotélica con la noción del “buen vivir”- basada en la cosmovisión indígena, ampliamente popularizada en muchos países latinoamericanos y que incluso se ha convertido en una razón de Estado y en un derecho constitucional- e introduce sobre esta base el tiempo como unidad de medida central para determinar la calidad de vida”.

El IVSBV, es, una respuesta, digamos latinoamericana, a los enfoques y concepciones sobre el bienestar en los que se privilegia el aspecto económico, bien, colectivamente, por el tamaño del producto Interno Bruto y del ingreso per cápita o, individualmente, microeconómicamente, por el
ingreso personal-familiar y la composición de los egresos, lo que remite al fenómeno de la riqueza o pobreza personal-familiar y su medición, toda vez que lo opuesto al bienestar es el malestar.

Los esfuerzos científico-técnicos para medir el bienestar, con mucho que se quiere incorporar la dimensión subjetiva, siempre terminan enfatizando variables económicas. Posición opuesta la encontramos en el IVSBV, sin que este índice desestime para nada la dimensión objetiva del bienestar, pero, al incorporar el tiempo como variable fundamental en la medición del bienestar, confiere a la medición una dimensión más abarcadora, comprensiva y cosmogónica del bienestar.

“El IVSBV designa campos precisos en los que el bienestar se genera y se torna mensurable dentro de su entorno. La buena vida adquiere así un carácter operativo. En lugar del dinero, aparece ahora el tiempo como indicador central del bienestar”. Con razón suele decirse, “el tiempo es oro”
o “mi tiempo vale dinero”, pues, bien, al examinar nuestro bienestar y calidad de vida, debemos evaluar el tiempo invertido para lograrlo.

Seguir leyendo en el Diario La Razón