(Opinión) El coronavirus: ¿Nos sacará de esta caverna, oscura, y de sombras? Por Edgar Perdomo Arzola

Caracas, 01 de agosto de 2020
“Cuando se lee a ciertos autores clásicos, como Platón (Atenas 427-347 a. c.), seguidor de Sócrates y maestro de Aristóteles, se ve como nos habla del “Mito de la Caverna”, en la que analiza la posición del hombre con respecto al conocimiento de la verdad o la ignorancia. En ese mito los prisioneros representan a la mayoría de la humanidad, esclava y prisionera de su ignorancia, además de estar férreamente sujeta a sus opiniones, costumbres, prejuicios y falsas creencias. Estos prisioneros se sienten increíblemente orgullosos en su ignorancia. Así de moderno y actualizado es Platón. De este mito devino el actual síndrome de la Caverna, término que no existe en las calificaciones de las academias, sobre los trastornos psíquicos, dándole un uso maniqueo que ha caído en desgracia, especialmente con este virus chino.  ¿Por qué existe tan crítica velada en torno a esta tragedia? El mito de la caverna de Platón, se ha referido concretamente al concepto por ser el maestro de Aristóteles. La psicología académica, describe esta tragedia como el de una fobia social cuando se politiza. Una fobia es un miedo irracional aprendido, en este caso miedo a contagiarse al salir del lugar seguro la cueva-casa, hacia el lugar inseguro como la calle. En esta pandemia del COVID-19, se ha pretendido aplicar “manu militari”  el síndrome de la cueva, o de la  caverna, para aplicar unos cambios que llevan al confinamiento. La variante Caverna es lo más parecido  al mito de Platón, convirtiéndolo en el mito de la Caverna, donde residirá la “Soberanía del Pueblo”, esto ha afectado  exclusivamente a la clase dirigente opositora y disidente de cualquiera de las caverna s políticas venezolanas, emplazadas en todo el territorio nacional”. Fin de la cita.

Qué tipo de aprendizajes se podrán extraer de esta crisis, y erradicar plagas como el deterioro de la educación, de las empresas públicas,  y privadas, junto a la improductividad, y parálisis económica del país.

Hoy todo son preguntas, y miedos en está agobiada nación, el pensamiento filosófico, es lo más esencial, y uno de los más postergados de los saberes, es como el faro que alumbra caminos en la noche. Cuando los faros amenazan con apagarse en Venezuela, lo que quedará para las generaciones de sobrevivientes que vienen atrás serán: “velitas con poca cera” hoy el pensamiento venezolano luce muy agotado. Muchos venezolanos permanecen a buen resguardo, del que solo se sale a comprar el sustento diario, y llevarse decepciones al ver que no se pueden adquirir los medicamentos por sus altos precios.

Cómo se está padeciendo por todo esto, dentro de lo que cabe. El vencer el aburrimiento, muchos con la compañía de libros, y el leer. El conversar con los clásicos es siempre un entretenimiento maravilloso para variar, y más aún en momentos de soledad. Muchos se reconfortan  en medio de este caos que no se alcanza a comprender.

Por lo demás, el suscrito a veces no se siente inspirado para escribir, pero siempre hay que tomar algunas notas de las cosas que ocurren sobre esta situación de tragedia inaudita, e “inexperimentada”.

Debemos los venezolanos estar en alerta máxima para que nadie se aproveche de este “virus” para seguir manteniéndonos en la oscuridad, y alargar más la tragedia.

La experiencia con este virus, será  la esencia del conocimiento futuro, y esto es lo contrario hasta ahora con lo experimentado, y todo lo malo hasta ahora conocido. Es algo perverso, es algo inaudito que nos desconcierta. Nunca habíamos pasado por algo así, nadie había experimentado esto que se ve ahora mismo, en el ocaso venezolano. Cuando se ven las calles sin actividad por dónde pasa el transporte público, y a veces solo se ven a señores, y señoras  que sacan sus perros a pasear, y nada más. Cuando salgo por el pan, los que atienden portan mascarillas y guantes. Todo esto me causa  extrañeza. Es así que, si el conocimiento lo trae la experiencia, lo que yo he observado en estos días como ‘victima’ es darle vueltas a qué tipo de conocimiento puede brotar de esta experiencia tan trágica.

Hoy con un estado de sitio sin límites, estamos ante un vacío de sentido, como si viviéramos inmersos en una situación de irrealidad.

Esta es la sensación. Yo de niño seguí de cerca la guerra de Vietnam, la vi en documentales, he visto la violencia de Isis en Siria con toda su brutal realidad, pero precisamente es eso, lo real. He visto por la TV las bombas estallar en Irak, la guerra de los seis días en el Medio Oriente, he visto en filmaciones reales caer a un piloto en paracaídas, el fuego de un combate aéreo en los cielos, y también cuando los que combaten perciben el olor de la muerte; eso lo he visto yo a lo largo de mi vida, eran las guerras, y sabían los actores, lo que tenían que hacer.  ¿Pero esto del coronavirus, qué es esto, dónde está aquí la violencia, qué es esta pasividad tan silenciosa que nos amenaza, y golpea, un peligro que no se oye ni se ve, dónde se encuentra alojado ese virus inodoro, incoloro e insípido?

Los científicos de las economías más desarrolladas hasta ahora, no saben qué brotará de esta experiencia.

A esto muchos presidentes de esas economías, le están dando vueltas para derrotarlo. Ojalá que en el más corto tiempo descubran algo positivo para erradicar de la faz de la tierra esta peste. La esperanza, es que nos reinventemos para mejor, que maduremos como sociedad. Y que después de esta crisis del virus chino intentemos reflexionar con una nueva luz, como si estuviéramos saliendo del hueco del  que hablaba el “Mito de la Caverna de Platón”, en la que los hombres permanecen prisioneros de la oscuridad,  y de las sombras. Quisiera que sea así, pero preocupa como lo dijo Donald Trump, que esto no sirva en cambio para ocultar otros virus mas gravísimos, plagas que deterioran la calidad de la educación, la cultura, el conocimiento, y el trabajo creador.

Es en esta hora menguada la urgencia de renovar, y de cuidar lo público hoy Más que nunca, es fundamental. El esfuerzo que están haciendo los médicos, y todo el personal de la salud, sin recursos en los hospitales, es un ejemplo heroico. En la Política de Aristóteles, se decía que la ciudad, en  la polis de la antigua Grecia, tenía que haber un solo fin, el bien común. Esto sucede con la salud, y con la educación, que desde mi punto de vista tiene que ser una sola,  y la misma para todos, y no debe estar marcada por clases económicas. Es la  clave para avanzar, el saber cultivar la inteligencia crítica, y una situación como esta lo revela. Entre tanto exceso de desinformación, de palabras soeces, y peor, entre tanta represión, el ciudadano debe ser capaz de plantearse las preguntas propias de una mente no alienada por ideologías trasnochadas: quién nos dice la verdad, quién nos engaña, quién quiere manipularnos.

El venezolano debe ser capaz de plantearse las preguntas propias de una mente libre: quién nos dice la verdad, quién nos engaña, quién quiere manipularnos.  Este virus nos hace ahondar más en la política, y también en una cuestión existencial e inescapable como lo es: la muerte. Pero no debemos temerle. Así como las hojas de los árboles, cuando empieza la primavera, y en la próxima estación esas hojas se caerán,  y el año que viene saldrá otras nuevas. Esa es la continuidad de la naturaleza, y esa continuidad no está dada a los humanos. Pero sí nos ha dado la de nuestros ideales, la continuidad del saber,  aspiraciones como: la verdad, la justicia, la bondad, la belleza. Todo eso es continuo, aunque muchos se aparten de la Historia. Y también es consolador, cuando se analiza la vida de uno, y encontrarse de que en ella, debe existir cierta coherencia desde el principio hasta el final.

El buen gobernante debe recordar su gestión, y no avergonzarse de ella. Puede saber que se ha podido equivocar, de seguro, pero que nunca le hizo daño a nadie ni intentó  perjudicar a nadie. Este virus no nos vencerá,  en lo absoluto. Pero debemos estar alerta para que nadie se aproveche de lo maléfico de este virus chino, para seguir manteniéndonos en la oscuridad, y extender más la indecente esclavitud. Sobrecoge ver el poder que tienen sobre los venezolanos ciertas personas bravuconas disparatadas, pues un imbécil con poder es algo terrible. Deseo de verdad que esto nos sirva para algo como sociedad. Y que esto propicie un nuevo encuentro con los otros  venezolanos en la polis, en la vida en común.

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