Las voces devotas ante la figura de José Gregorio Hernández

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  • La fe y la veneración, en algunos casos, dan explicación a situaciones que no la tienen y la figura de José Gregorio Hernández quedó marcada en la vida de muchos venezolanos. Por eso, recopilamos el testimonio de vida y devoción que tienen algunos | Foto: Getty

El pronóstico era desfavorable. Era el año 2006 y padecía las imprecaciones del cáncer de mama y los doctores, después de varios exámenes, notaron que en su seno estaban alojados una serie de quistes malignos. La única opción factible era la remoción total del seno. Un día, entre las paredes pulcras de un consultorio y el olor a desinfectante, soñó que la figura de José Gregorio Hernández se posicionaba a su lado. La estaba operando junto a un equipo de médico. El silencio de la sala se interrumpió con la voz del doctor y santo venezolano que le dijo: “Quédate tranquila, Rosalbita. Ya todo terminó”. 

En las instancias finales del sueño el doctor José Gregorio se quitó sus utensilios médicos, dobló la bata blanca, acomodó los guantes y los pusó en una pequeña mesa al lado de la cama de Rosalba Garbán. Al despertar, con la confusión de la vividez quimérica, se da cuenta que a su lado estaba la misma mesa y encima de ella, con el mismo doblez, estaban la bata, los guantes y los utensilios que había utilizado el doctor en la operación. 

Muchas veces la vida, en los momentos de dificultad, se entremezcla con el sueño para crear situaciones que nunca antes habían ocurrido. Ya lo versificaba Calderón de la Barca en su famosa obra de teatro. Pero, después de la confusión, Rosalba continuó con sus exámenes. La operación era inminente. Su seno fue extirpado. Al parecer, no había otra opción, pero en el momento de la operación los doctores notaron que ya no habían quistes en el seno de Rosalba. No había explicación. Nadie entendía las razones de la desaparición del tumor que hasta hace poco acechaba su tranquilidad. Para ella la razón era una sola: José Gregorio Hernández la había curado. 

Foto: Gleyber Asencio

Su devoción por el conocido médico y venerable venezolano se acrecentó, pero falleció en 2017 por cáncer en los huesos. Sus ojos no lograron ver la beatificación, tampoco las inmensas figuras que se erigieron en honor a José Gregorio, pero el relato de su historia se mantiene vivo en la voz de sus familiares que hoy, en exclusiva para El Diario, la recuerdan a través de la figura del nuevo beato venezolano. Además, la estampita que acompañó a Rosalba durante tanto tiempo, donde el doctor aparece con su reconocida vestimenta, está guardada en el cajón de los recuerdos de su hermana. Quizás, en este momento, cuando el nombre de José Gregorio Hernández reluce en la Plaza de San Pedro esa pequeña estampa reaparece para revivir los momentos de fulgor familiar. 

La beatificación de José Gregorio Hernández fue aprobada el 18 de junio por una plenaria de cardenales y obispos del Vaticano.

En Las Virtudes, estado Mérida, hace más de 20 años el doctor José Gregorio Hernández se apareció en el sueño de Esther Rangel. Su historia quedó marcada en la familia y el relato, en este momento, lo cuenta su nieto.Un día como cualquier otro, donde la polvareda se levanta con el viento y el sol apacigua los momentos de calidez, Esther caminaba sin preocupación alguna. Una culebra estaba escondida entre la maleza y, de repente, sintió los colmillos del animal clavados en su pierna derecha. La primera reacción de sus acompañantes fue llevarla de inmediato al hospital. Una bolsa de agua y pus comenzaba a crecer en la pierna de Esther. El dolor se incrementaba con el pasar de los minutos. Mientras esperaba en la sala de emergencia del hospital rezaba con especial ahínco a la figura de José Gregorio Hernández. La estampita en sus manos, un poco vieja, resguardaba la foto reconocida del doctor. Ella la apretujaba al ver la bolsa de agua que crecía en su pierna y por el miedo de morir ante la picada de la serpiente. En ese momento, comenta su nieto, Esther recuerda haber visto a un hombre vestido de blanco que caminaba por el pasillo y que, poco a poco, se acercaba a ella. 

Todo, al final, era un sueño. Ella despertó en la camilla recordando la imagen de José Gregorio Hernández a su lado y, quizás, pensando que todo se había quedado en la confluencia de los sueños, pero no. Bajó la mirada, vio su pierna y la bolsa de agua y pus que crecía y adolecía estaba desinflamada. Los médicos entraron un par minutos después, revisaron la herida y acordaron que la operación ya no era necesaria y, en la memoria de Esther, quedó marcada la imagen del hombre vestido de blanco que se acercó para sanar su pierna en aquel sueño. 

El corazón devoto en júbilo por la beatificación 

Ana Mercedes sintió una algarabía en su corazón al ver la noticia y le preguntó, como si de un viejo y gran amigo se tratase, “¿a dónde vas, Goyito?”. El Venerable, el médico que engalana la fe venezolana, había sido beatificado por la Iglesia Católica. Para ella, desde Puerto Ordaz, es un signo de alegría entre la tristeza, entre los nubarrones que se ciernen sobre los venezolanos. Ahora, la figura del médico de los pobres acompañará los pesares y sanará las heridas de millones de personas en el mundo y su estampita, desde Venezuela, recorrerá cada rincón. 

Su historia de devoción comenzó hace más de un año cuando fue diagnosticada con  linfoma no Hodgkin de células T, un tipo de cáncer que comienza en las células del sistema linfático. Aunque, comenta, la figura de José Gregorio siempre estuvo en los altares de su hogar y en los rezos que realizaba con su padres, pero en ese momento, cuando el mundo se oscurecía por la enfermedad, fue El Venerable su primera salvación. Se mudó para Caracas en el mes de junio de 2019 para hacerse el tratamiento y, en esos días, visitó la Iglesia Nuestra Señora de la Candelaria, donde descansan los restos de José Gregorio Hernández. Su conexión con él se fortaleció y ante la incertidumbre de la enfermedad encontró sosiego. 

Foto: Ana Ayala

Luego, del proceso de preparación para la quimioterapia la madre de Ana le comenta, el 29 de junio, día del natalicio del nuevo beato, para visitarlo en la iglesia. Llegó al templo caminando con andadera, agarrada de la mano de sus padres. Como era de esperarse la congregación, celebrando el natalicio, abarrotó las esquinas de la plaza, pero todo surgió de la menor manera. Hasta unos señores, recuerda, que jugaban dominó en los banquitos de la plaza la ayudaron a caminar. Ese día, comenta, sintió que las voces a su alrededor se silenciaron y le pidió con el corazón rebosado de fe que la cuidará durante todo el tratamiento, que fuera el titiritero de sus médicos, que las bendiciones que pedía para ella se distribuyeran para su familia.

Yo le decía: guía a mis médicos. Sé tú el médico que se manifieste a través de ellos”, dice para El Diario.

Después de varios meses el cáncer desapareció de su cuerpo. El tratamiento fue amigable y los viajes entre Puerto Ordaz y Caracas, comenta, estuvieron bendecidos. Incluso, dice con la voz abarrotada de felicidad, su doctora de cabecera al ver los exámenes que informaban el fin de la enfermedad le dijo a su madre que: “¿A quién le pediste tanto para que te sanará?” y ella respondió: “A muchos, entre ellos a Goyito”. 

Foto: Ana Ayala

Desde el relato de los feligreses y devotos, hasta las oraciones de la iglesia venezolano, se dejan ver las obras de José Gregorio Hernández en la sociedad del país. Para Monseñor Fernando Castro, obispo de Margarita, este es un paso inmenso para la fe nacional. “Demos muchísimas gracias a Dios porque él ha puesto su dedo, ha puesto su mano para que, a través del doctor José Gregorio Hernández, pueda verse la mano de Dios en algo inexplicable, un milagro, ocurrido aquí en Venezuela en una niña que no tenía ningunas esperanzas de recuperación”, comentó para El Diario. 

La iglesia venezolana recopiló durante más de 70 años casos de recuperación ligados a la figura de José Gregorio Hernández, pero el hecho que condujo a la beatificación fue protagonizado por la niña Yaxury Solórzano Ortega.

El 10 de marzo, mientras acompañaba a su padre, fueron interceptados por varios ladrones en Mangas Coveras, en el estado Guárico, para robarles la moto. En ese momento, uno de los asaltantes disparó a la zona temporoparietal derecha (área de la cabeza) de la niña. 

Foto: Cortesía

Luego, las cosas se complicaron por la lejanía del lugar y la falta de atención cercana. Gravemente herida fue trasladada, a bordo de una lancha, a San Fernando de Apure, Estado Apure. Al llegar, después de cuatros de viaje, no había ningún neurocirujano que pudiera tratarla y la espera se alargó por 48 horas más. El estado de la niña era crítico y, durante ese tiempo, perdió gran cantidad de masa encefálico. El pronóstico de los médicos era reservado y la operación podría resultar insuficiente. Al saber esto, con el miedo de perder a su hija, la madre se encomendó al doctor José Gregorio Hernández. Pero, comenta monseñor Ramírez Padilla, que la madre recibió una respuesta de El Venerable que decía: “no te preocupes, que tu hija va a salir bien”. 

La niña sobrevivió. Pero los médicos aseguraban que padecería por el resto de sus vida discapacidad a nivel motriz, lingüístico y visual por el daño que había recibido en el cerebro. Sin embargo, 20 días después de la operación, Yaxury estaba completamente sana en su hogar. No hay respuesta médica al suceso y la comisión encargada de la Santa Sede llegó a la conclusión que la recuperación fue gracias a la “intervención del doctor José Gregorio Hernández”. 

Su rectitud y su bondad ante el pesar de los enfermos lo hizo Venerable. Ahora, su intervención, en muchos casos, a través de Venezuela lo transformó en beato. Es su figura como hombre ilustre de la historia venezolana, participe de grandes procesos científicos para el país, con la carga semántica que la fe carga sobre sus hombros, lo que completa la trascendencia del “médico de los pobres”. 

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